sábado, 14 de julio de 2012

Un D. Prosi en la Graña 6


A las buenas tardes, queridas damas y caballeros aficionados al totemizamiento. Escribo desde mi casa, superviviente de la ultima bomba noticiario en el ritmo de vida escolar-militar de la Esengra y aledaños. Desde la ciudad de Ferrol ( Mordor ), inquieto al reflexionar sobre un debate que tuve con una compañera el viernes.
Quiero que conste en acta, antes de continuar, que yo no creo tener la verdad sentada sobre el hombro. Cuando doy opiniones suelo empezar con un " me parece qué " o " creo qué ". Aún así, como todo el mundo, yo tengo mis ideas sobre casi todo lo que sucede a mi alrededor. El jueves, de guardia, tuve la suerte de compartirlas con un mando mío, un tío interesante. Y ese es uno de los cambios curiosos que me sorprenden en mi. Poco a poco he ido asumiendo que estoy en el puesto más bajo de la escala de suboficiales, pero ya estoy ahí. Esta mañana he reflexionado como otras veces, imaginando un dialogo con la persona que me planteó la cuestión. Y en uno de los momentos decía " es una actitud que no se puede permitir entre nosotros ". No es la primera vez que me pasa. Ya hace un par de semanas le dije a un compañero, en la cantina mientras bromeaba con una chica de nuestra clase " si aspiras a salir suboficial, no puedes permitir que nadie te llame Peluche en publico."
Yo siempre he tenido una idea más o menos clara de la función de un suboficial, qué debe y no debe hacer y como relacionarse. Pero nunca la he interiorizado como propia, estaba esperando a poco a poco ir aterrizando. Que me explicaran que herramientas tenía para realizar el trabajo y luego adaptarlo. Hacer mi propia " versión " de un suboficial, a partir del estandard. Pero ahora, próximo a acabar el primer año de curso, veo que poco a poco me voy aproximando. Lo cual habla bastante bien del sistema, porque incluso a pesar de todos los quiebros y extraños que hace, poco a poco pero de forma firme e inexorable avanza hacía el objetivo.

Todo esto viene a cuento de un dialogo con una compañera. Mi compañera me acusó de intolerante y seguramente tiene razón. Pero yo pienso que quizás mi colega es demasiado tolerante. Está bien hacer cosas de pibe y entender que la gente es joven... cuando se puede permitir ser pibe y ser joven. Yo no estoy haciendo el curso de marinero y, si no me permito actitudes de marinero, no pienso consentirlas en los demás. Las bromas y las confianzas fuera de lugar, como su propio nombre indican, están fuera de lugar. Y cuando yo estoy en la escuela... bueno. Haciendo el curso de marinero, una vez me llamaron la atención. Como no veía el galón de aquel al que me estaba dirigiendo, le traté de " caballero ". Se volvió hacía mi indignado y preguntó porqué le había llamado así. Yo le contesté con toda naturalidad " porque ud es un hombre " y él a su vez me contestó " pero un hombre con galones ". Y aunque aquello me indignó en su injusticia - me ignoró sin educación, pero me recriminó precisamente una falta de educación -, aquel día aprendí que, de uniforme, en primer lugar nos emplazamos por nuestra responsabilidad y posición y luego por nuestras preferencias. Así que sí, seré un intolerante, pero considero que tan importante es el saber estar delante de los mandos como delante de los compañeros. Y yo no soy una persona que otorgue más confianzas de las minimas, así que sería una interesante reflexión la de cuales son precisamente esas confianzas minimas, y cuando podemos pecar por exceso y cuando por defecto.

Un saludo. Portadse mal.


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