martes, 31 de julio de 2012
Explosiones gratuitas de emociones
Uf... se va soltando. Lo noto. Poquito a poco se relaja la tensión de semanas de autocontrol mental, disciplina emocional y, en general, orden. De haber estado supeditado a la misión paso a hacer lo que quiero.
¿ Y qué quiero ? Nada. Por eso tuve una pataleta como la de antes. Quiero vivir, sentir, conocer, descubrir. Pero sobre todo quiero que me abracen. Quiero estar entre gente que me conozca y que me quiera. Quiero olvidarme de lo que soy, supongo que como queremos todos, y coger fuerzas para lo que vendrá después.
Es como si hubiera estado encorsetado. Desde enero tomé la determinación de adaptarme a lo que viniera. Luego vino la crisis de marzo y tuve que capearlo como pude y a partir de ahí ha sido un continuo encogerse de hombros y plastificarse. Y ahora que puedo salir de la crisalida el sol me quema la piel y los ojos, y no comprendo algunas cosas de la gente que veo como desperdicios, y no comprendo y no quiero comprender y no... ¿ y a mi que me importa ? Todo esto es pasado, queda atrás. Por horas se me van cayendo los restos de mi antigua piel y surge nueva, sobre la que crecerá el pelo vibrante, radiante. Esta noche pienso aullar a la luna y responderme a mi mismo dentro de diez días desde la otra punta de europa, en esa cuna entre montañas donde una piedra me sonríe.
Portaros mal. Portaros muy mal. Y cuando os vea, os reconoceré por el brillo travieso en la mirada, las ganas de hacer arder el mundo y de reíros de vosotros mismos. Pero sobre todo, os reconoceré porque sabré que sois los míos y yo soy de los vuestros. A por ello. Vamos a enterrar el mundo.
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