lunes, 16 de julio de 2012

Las cosas que me pasan a mi


Voy a repasar una historia que ya escribí aquí. Yo venía del hospital de que me miraran la rodilla. Llevaba unas semanas en Ferrol, llovía y hacía frío. Hacía poco me había encarado con un viejo y me preguntaba si acaso todo el mundo aquí vivía amargado y queriendo morir. Y en estas que, frente a mi, una chica invita a subir a una mujer minusvalida. La mujer viene en silla de ruedas y la otra, comentando con ella que no debe desanimarse, que en la vida hay que luchar aunque sea para hacer callar a esa gente que nos quiere abajo, le paga el billete. Por más que la mujer de la silla de ruedas discute eso queda ahí, la chica le ha invitado e invitado queda. Parece que no se conocen y la chica se vé una estudiante, sin ingresos. Y aún así tiene ese gesto de caballerosidad, de nobleza.
Más tarde, la chica comenta que quiere meterse en Marina. Y ahí levanto la cabeza y comento lo poco que sé que puede ayudarle. Pero viene mi parada y me voy. Desde entonces le he deseado suerte y confiado en que todo le vaya genial y lo consiga, y quizás algún día verla en la escuela o en la otra.
Hoy me la he encontrado. Todavía se acordaba de mi y me ha saludado, aparte de decirme que está pendiente porque en septiembre se espera que salgan plazas. Me ha pasado el facebook y hemos quedado en que cuando sepa algo le comentaré. No sé si la chica es algo más que un gesto noble, o realmente es una persona comprometida e integra. Pero con que solo sea tan entusiasmada como parece y tenga tan buen fondo, espero verla en Marina. Hoy es un gran día. Mi primo ha salido teniente y ya es oficial, está publicado. Así que vamos a alzar nuestras copas, apenas un momento, por los que somos y los que podremos ser. Porque aunque la sociedad siga yendose para abajo de cabeza, aun queda gente dispuesta a invitar a un desconocido, y esa misma gente quiere ponerse un uniforme.

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