jueves, 5 de julio de 2012

A propósito de un sable

A veces parece que nada vale nada. Que todos los esfuerzos, sacrificios, soledad, dolor... son para conseguir algo que no acabas de ver claro si realmente merece la pena. Entonces, en esos momentos, es bueno mirar para atrás. Ver todas esas caras de la gente que te ha llevado hasta aquí, gente que te apoya como puede. Que desde lugares lejanos saca un momento para pensar en ti y sonreír, recordando esos momentos en que te tuvieron delante y te enseñaron y compartieron lo poco o mucho que tenían.

Tengo una deuda con ellos. Con mis mandos de brigada del curso de marinero, con buenos jefes que he tenido, con mejores compañeros. Con toda esa gente que me enseñó que el valor consiste en hacer lo que se debe aunque te asuste, que el honor consiste en poder mirarse en un espejo todos los días, que el compañerismo es que tu gente sepa que, a la hora de la verdad, podrán contar contigo y tu con ellos. Todo eso y mucho más me enseñaron; pero al tiempo que con el pasado, tengo una deuda con el futuro. Tengo un compromiso con hacer de mi pequeño mundo un lugar aún mejor del que es, y para eso me preparo, y para eso me esfuerzo. Y para eso soy quién soy. Para ser quien quiero llegar a ser.

Pero esto no va de mi. Esto va dedicado a un compañero. Un compañero que ni siquiera me gustó mucho cuando llegó al barco, porque venía demasiado hinchado de su propia importancia y al que el tiempo compartido, los sacrificios y esfuerzos me hizo aprender a valorar. Un compañero al que ví madurar día a día, superando situaciones difíciles, afrontando tentaciones. A veces dejandose llevar demasiado y otras veces demasiado cabezota. No han sido pocos los que han pensado que no valía, quedandose en la superficie del que, si yo soy un perro de mar, él probablemente sea un cachorro de mastín. Un compañero leal, trabajador, valiente, honesto. Un tío al que me honra llamar mi colega, en los dos sentidos: compañero de trabajo y amigo.
Ese chaval ahora está examinandose. Y si entra y Dios lo quiere, el día de mañana yo le entregaré el sable en la escuela. Para ello yo tengo que mantenerme, tengo que luchar, aprobar, avanzar. Tengo que convertirme en la clase de sargento que me exijo a mi mismo, para poder apoyarle y ayudarle. Día tras día nos insisten con que debemos ser ejemplo, con que debemos demostrar a los demás... yo no tengo que demostrar a nadie más que a mi mismo. Pero, igual que yo aspiro a ganarme el respeto que un sargento debe tener, quiero ayudar a esa gente que también puede. Espero que dentro de menos de un año, ese compañero mío que está examinandose reciba el sable de mis manos. Y si Dios quiere, el año siguiente él le dé el sable a quién considere digno de seguir sus pasos. Y así, de uno en uno o de quince en quince, sepamos transmitir el orgullo, el coraje y la esperanza que en nosotros ha depositado gente que quiere hacer de la Armada un punto de referencia, tanto en lo profesional, como en lo humano, como en lo moral. Porque un simbolo es tan grande como nosotros queramos hacerlo y ese sable, que espero compartamos, es para mi una mano tendida desde D. Sonia a mi, de mi al Pipa y de ahí al futuro. Porque tenemos que hacer que merezca la pena.

1 comentario:

  1. No tengo palabras para todo esto, como puede imaginar, quizás solo cabe decir que jamás en la vida le podre agradecer ni devolver lo que ud. ha hecho y esta haciendo por mi,aún sin ser consciente realmente del esfuerzo que realiza ud. para poder atender a este cachorro de mastín, más no me importaría sino me sentiría orgulloso de poder devolverle lo que ud. me ha dado, aunque realmente ud. y yo sabemos que nunca se lo podre recompensar, pero quiero que le quede constancia de que siempre voy a estar hay, en el momento que ud. lo necesite, esto no son palabras son sentimientos escritos.

    No puedo decirle mas de lo que ud. ya sabe, a sido, de lo cuál estoy seguro el compañero y amigo mas leal, honrado, luchador, digno, y ejemplar que he conocido y que nunca conoceré, ha sido y será para mi la mayor fortuna haberle conocido, y haber compartido situaciones y momentos de peligro, de lo que serán ya anécdotas, y alegrías con ud.

    Eres para mi, si me permites decirte Prosi, un ejemplo a seguir no solo como militar, sino como persona, de la cual envidio su serenidad, tu optimismo, tu lealtad, tu dignidad, tu cultura, tu sentido de vivir, de los cuales quiero impregnarme y me gustaría que ud. fuera mi mentor en esta “empresa” como llaman algunos.
    No es para mi la Armada solo un símbolo, para mi tiene otro sentido, y es que personas como ud. de las cuales hay pocas, son las que hacen que esto continúe su rumbo, rumbo el cual espero que siempre nos lleve a puertos mejores, puertos que me gustaría compartir durante mucho tiempo con ud.

    Desde aquí, en San Fernando, quiero que sepa que esto que ud. ha hecho no lo podre olvidar nunca, que seria el mas grande de los orgullos y de los honores que fuera ud. D. Alejandro Sanroman García el que me hiciera entega de ese sable con el que tanto he soñado, que significa mucho para mi, no solo por lo que representa, sino por el sacrificio empleado en conseguirlo y la satisfacción de saber de que sino hubiera sido por ud, quizás ahora no estaría haciendo todo lo que hago, y mi recompensa es saber que por ti, pequeño cabrón, quiero ser Suboficial de la Armada, y tener ese sable del que ud. me haría entrega y que ud. ha promovido.

    Prosi, esto va por ti

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