domingo, 1 de julio de 2012

Dime algo


28/06/12

Tus palabras son latigos de espinas que se clavan bajo la piel. Despiadada atraviesas hipodermis, dermis, epidermis. Acaricias las suaves terminaciones nerviosas y, como un puño de acero, golpeas. Aprietas, desgarras, atraviesas. Saboreas golosa la sangre en tus labios y aullas, monstruo enterado en dulzura. Estás hecha de promesas prohibidas, de frustraciones secretas. Eres sueño y pesadilla, fiebre que no te deja dormir y balsamo que calma. Te odio. Te anhelo. Te deseo.

Y a la vez, increíble, eres compañera intelectual. Eres pareja de baile, danzarina eterea. Eres alguien ajeno a los sentimientos, a la pasión, a la vida. Eres verano y mil praderas. ¿ Y qué más da ? Si puedo sentarme a charlar contigo en una esquina en medio de un banquete y descomponer el mundo en pedacitos. Como si no fuera parte de nosotros, como si no nos importara. Como si no nos doliera.
Creyendonos tan especiales que nos sentimos diminutos. Tan especiales que somos un susurro, una promesa en el viento. Una mentira.

Y vuelvo a saborear la sangre en mi lengua y la tensión en mi pene. Y el ansia, el vertigo, el miedo, el dolor, la nostalgia. Un cañonazo de sensaciones, demasiadas, demasiadas... Tiemblo. Si me asomo más al borde me caeré. Debo retroceder. Retroceder ? Yo ? Nunca. Empujaré al mundo con mi sola voluntad o me arrastraré entre sus cenizas, gusano en el cieno para convertirse en mariposa. Sí. Se vé todo bien desde aquí abajo.

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