martes, 6 de septiembre de 2011

Mariposa de coral

Estamos sentados espalda contra espalda, junto a un paseo maritimo por el cual las parejas se comparten los unos a los otros de la mano, los perros pasean nariz al viento y la luna se alza para contemplar tan bucolica escena. Estamos sentados, como digo, espalda contra espalda, sin mirarnos pero sin separarnos, tan cerca que, vistos desde la suficiente distancia, parecemos una sola figura con un perfil muy extraño. Ella comenta.
- No se te ocurra moverte. No te voy a dejar que me veas.
- Tampoco me estoy perdiendo nada interesante.
A lo lejos, el mar ruge feroz. Las olas vienen y van, golpeando contra la orilla y él escucha su canción. Lo llaman, con el deseo de perderse en su interior, enterrar tantas cosas que fueron y que serán, de ser para dejar de ser. Lo llaman y, a su lado, él sabe que ella no puede escucharlo. Alza la vista de la pantalla del movil, quizás intentando captar un reflejo de quién tiene a su espalda.
El tiempo ha pasado y el verano acaba. A punto de cambiar de pelaje otra vez, en una de sus metamorfosis kafkianas absurdas, él se plantea cuanto ha ganado y cuanto ha perdido. A su espalda, indiferente, ella pasea las uñas sobre la roca. Uñas que han conocido la piel de él, que han desgarrado y hecho sufrir, pero también han acariciado tiernas y juguetonas. Uñas que son garras, de promesas e imposibles. Él sonríe.
" Recuerdo que era hace tiempo... creo que antes de nacer... cuando las olas dormidas... llegaban al amanecer... "
- Callate.
- Esto no tiene nada que ver contigo.
E incluso mientras se pelean, hay un cariño soterrado entre ellos. Algo compartido que no puede romperse y debería hacerlo. Quizás pronto todo sea un recuerdo pero, ¿ qué más da ? La gente se vincula por sensaciones de deber absurdos. Es un buen chico, no quiero hacerle daño. Soy la tipica que desaparece de la vida de la gente, esta vez quiero quedarme. Él no se plantea nada, egoista hasta el desaliento. ¿ Qué le importa lo que piense nadie ? Si está más solo que la luna y más triste, que el silencio. Y como tal, el silencio se espesa.
Ella es delgada y afilada, como una aguja de oscuridad. Él es pálido y suave, un punto de luz que esconde tanto como enseña. Son una figura imposible, dos caras de una moneda, que pronto se separarán para ser un recuerdo.
El coral es una criatura muy hijaputa. Alguna vez leí que el coral, cuando se te incrusta en la piel, tiende a intentar crecer. Se te mete por dentro y, llegado el caso, puede provocarte una infección de la sangre. No sé cuanto de eso es cierto y cuanto mito, pero el coral de ella ya corre por mis venas y pronto tendré que arrancarmelo, antes de que me hunda. Se ha hundido muy adentro y noto sus dientes en mi lengua cuando me muevo, atrapandome cuando me quiero mover

Ella es la pesa que me pongo al cuello para hundirme en mis recuerdos. Raya me descubrió que no puedo encontrar amor para compensar el que me faltó durante tantos años. Ella me ha enseñado que no puedo culpar a nadie de mis decisiones. Me ha permitido hundirme en la memoria de mis recuerdos, cosas que ni siquiera yo sabía que estaban ahí. Si miro a izquierda o derecha o atrás puedo ver cosas que quiero y no puedo tener, y siempre es mejor evitar la frustración cuando uno tiene una vida de sacrificio. Así pues, he vuelto a ser el Ale de doce años que aprendía baloncesto y tenía tantos sueños. Y he descubierto que ese Ale quería un hermano, quería un hermano tanto que cuando este nació no le importó si era de su padre, de su madre o de quién fuera. Ese hermano era suyo de él. Y cuando ese hermano nació con problemas eso no le importó, porque el amor es inmisericorde, no admite concesiones ni razones ni ostias. El corazón se rinde a él. Y forjé un vinculo sagrado, hecho de amor puro, lealtad incondicional y fé, y ese amor me fue correspondido. Y cuando mi hermano se fue, yo me quise ir con él. Nunca le perdonaré a ella, la mariposa de coral, que me enseñara a salir a flote. A pintar mi egoismo de colores, a experimentar cosas para mi, a meterme en el mar para olvidar, sin preocuparme de salir a flote. Ella me ha hecho libre de mi mismo y esa es la espada que se ha colocado entre nosotros, porque como Raya dijo soy too much. Pero... ¿ a quién le importa ?

Sentado junto al mar, pienso en una mariposa de coral y ella se levanta y, sin girarse, se despide. He quedado. Fue bonito conocerte, furbi alemán. Ya nos veremos. Y yo agito la mano hacía atrás, sin girarme. Porque sé que si me giro, quizás no haya final feliz. Quizás ni siquiera haya final. Y eso es algo que, en un mundo de promesas, no podemos permitirnos. Buena suerte, mariposa de coral. Sigue volando. Te debo una.

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