domingo, 11 de septiembre de 2011

Dame tantas rosas

Como espinas te clave. Que cantaban los heroes del silencio, viniendo a referirse a que todo viene como va, siendo la vida un extraño circulo espiral, retorcido, perverso, que desciende y sube en oleadas como... como una corriente marina, para que engañarnos.
Porque sucede. El tiempo se prolonga en una linea plateada, infinita, y a izquierda y derecha van quedando las distintas salidas que pudimos haber tomado y no tomamos, o los caminos por los que otros irán y que a nosotros nos dejan intrigados. ¿ Cualquier tiempo pasado fue mejor ? Mentira.
¿ Y si... ? Y si nada. Tomamos las decisiones que tomamos, basandonos en nuestros instintos, sensaciones y sentido comun, el menos comun de los sentidos.
Recordando lo que la vida, pudo haber sido y no fue. Esto lo cantaban los Suaves. Pero es un absurdo, porque nuestra vida son las huellas que dejamos en la arena según avanzamos. Y mientras los remos se hunden en el mar, arriba y abajo, y surgen arrastrando algas que nos ralentizan, sangre de corazones muertos que ya no laten y lagrimas de noches oscuras, donde nadie mira ni nadie abraza, seguimos adelante. Empujados por la tozudez, el orgullo o el mero ansia de supervivencia, sacamos la cabeza del agua y damos otras dos brazadas, venga cojones que ya llegas.
Ahora estoy en la orilla y desde aquí miro atrás la mar rizada, el viento tormentoso y los rayos que rompen a lo lejos. Pensando, recordando. Y sonrió para adentro, con nuevas heridas ( marcas de honor o recuerdos, ¿ qué más da ? ) por fuera y con otras cosas por dentro, que burbujean en el caldero de mi pecho. Y ahora sonrió por fuera, porque lo que tengo dentro ya está en su punto y sé que estoy vivo cuando duele. Y vaya si duele...

Dame tantas rosas, como espinas te clavé.

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