miércoles, 14 de septiembre de 2011

Cargando el petate

Ya estoy otra vez con la vista lejos y el corazón lleno de dudas. Ya estoy otra vez siendo girlie, pintando las escamas de mi caparazón de camuflaje. Evitando a los diabeticos de cariño que se inyectan insulina amorosa, sabedor de que el abrazo de hoy te llena del insaciable anhelo de las noches de mañana. Ocultandome a mi mismo en los espacios en sombra de mi alma, entre las luces de neón de sonrisas, arco iris y recuerdos.

Ah, recuerdos... tantos dulces recuerdos, cayendo como granos de arena entre mis manos, abiertas, siempre abiertas, excepto cuando se cierran en puños inmisericordes, puños crueles, puños cobardes. El otro día me senté con un ángel a tomar una cerveza ( yo un Nestea ), y le pregunté porqué. Porqué, porqué, porqué. Desde cuando tengo que salvar yo a alguien, cuando apenas puedo sobrevivirme a mi mismo. Y la respuesta del ángel, que me dio mucho que pensar y se parece sospechosamente a alguien que me bautizó como ángel a mi, es que soy alguien especial. Que dentro de los roles habituales no encajo, que tengo una actitud ante la vida fascinante y que la vida misma que vivo es muy atractiva. Que soy atractivo, porque la alegria gusta y porque tengo mi propia forma de belleza.
Belleza que quizás se justifique a si misma y que se desborda, se desdobla, se malforma y se pervierte. Belleza que confunde, que corrompe, que provoca ansias imposibles de satisfacer, frustraciones y hambres. Belleza... maldita belleza, maldita sensibilidad, maldita inteligencia. Maldita luz que ciega pero no da calor, en noches de hastio, cuando saludo a la farola que me hace compañia en mi terraza y huelo el mar en el aire.

Por eso hago el petate otra vez. Por eso miro lejos, muy lejos, para anestesiarme del dolor. Para recordar y sonreír, para pintar con palabras este lienzo. Porque estoy cerrando un ciclo que empezó muy muy lejos en el este, en un sitio muy oscuro, con una personita que vino del cielo, y termina muy muy cerca, con una mariposa de coral que vino del infierno. Empecé siendo nucleo y centro de mi universo, el punto ( 0,0,0 ), en el que todo converge, ajeno a toda empatia y toda sensación, egoista hasta el extremo. Y poco a poco he aprendido que para recibir, primero hay que dar, que ningún caparazón es totalmente impermeable, y que no puedo escapar de mi hambre. El estoicismo me permite llevarla bien, como me permite soportar tantisimo sufrimiento, tanto... piensas que no existe solo porque haces como que no, pero es mentira. Todo lo que escondes debajo de la alfombra sigue ahí, esperando, creciendo en la oscuridad. Y mientras lo hace le salen dientes y garras y se llena de odio, de odio frío y terrible provocado por el olvido y la soledad, como un niño no deseado al que tiras al water.
No más. Decía Raya que todos llevamos un equipaje con las cosas que hemos vivido, y a veces ese equipaje pesa mucho y nos impide movernos. El caparazón que nos ponemos para que no nos hagan daño es como una armadura, y como toda armadura nos impide movernos con agilidad. La mejor armadura es vivir, con los ojos abiertos y el corazón despierto, amparandonos en nuestra propia luz para alejar la oscuridad. Y saborear el dolor y el placer con el mismo entusiasmo, sabiendo que sin uno no podría existir el otro. Por eso voy quitandome partes, poquito a poco, y las guardo en el petate porque sé que más adelante las necesitaré. También llevo un par de mapas y un album de fotos hecho de todos esos momentos. Estoy en paz conmigo mismo. Quizás la mariposa, como tantos y tantas por el camino, no sepan el valor que tiene lo que tuvo. Dicen que no sabemos lo que vale algo hasta que lo perdemos. Hoy mismo me decía una amiga que la gente vive sus vidas, que entramos y salimos de las de los demás como balas perdidas que se cruzan en su camino. Pero yo tengo amigos, tengo una familia en mi corazón y gente que sé que, con una llamada de telefono, están ahí. Soy una criatura afortunada. Y ahora levanto la cabeza y miro a la luna, y aullo como el perro de mar que soy, antes de poner una pata delante de otra y empezar a andar hacía el próximo examen, el próximo puerto, el próximo abrazo, la próxima historia.
Y mis recuerdos, son historias maravillosas que quizás contaré. Y que ahora, en este trozo de carta inacabado que comparto con uds, también son vuestros. Disfrutadlo. Felices sueños

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