martes, 20 de septiembre de 2011

Gloria a los heroes

Es un domingo cualquiera de guardia, como otro domingo. El viento movía las estachas, las gaviotas acechaban esperando el almuerzo de Carraca, que solo ellas podían encontrar comestibles. Bajo un calor do caralho, nos escondiamos a la sombra a esperar que el día pasara lo más rapido posible.

Bueno, ya he hecho una introduccion emotiva para implicaros emocionalmente con la historia. ¿ A qué me ha quedado bien ? Si es que... cuando quiero puedo. Pero mirad, no os voy a contar un cuento. O quizás sí. Por si acaso tened a manos los kleenex.

Erase una vez, un chavalito que no tenía muchos amigos, ni padre. Tampoco tenía un ferrari ni salía con Patricia Conde, pero a esas alturas de la vida uno no se planteaba esas cosas. Como os decía, el chaval no tenía un padre. Pero su madre conoció a alguien y esa persona fue un amago de padre durante un tiempo.
Todos los niños quieren ser como sus padres. Y toda persona que se siente diferente por carecer de algo, tiende a querer compensar. Pero esta persona de la que hablamos era delineante, melancolico... no encajaba en el mundo de nuestro chavalito. Sin embargo, había algo que podían hacer juntos.
Veían baloncesto. Y a nuestro chavalito le llamó mucho la atención. Quiso saber las reglas, la forma de jugar, la idea... era algo interesante. Era distinto, porque a casi nadie le gustaba el baloncesto, y a la vez era algo que podía compartir con ese padre postizo. Y así, siendo apenas un mico, nuestro chavalito empezó a ver partidos. Y cuando jugaba la selección, el mundo se paraba y nuestro chavalito aprendía nombres de jugadores, veía partidos, analizaba jugadas. Aprendió lo que era una tecnica, campo atrás, dobles... cuando en el colegio le explicaron de que iba, jugó aunque no lo hizo bien. Era pequeño, tenía poca agilidad y coordinación...

Aún así, siguió viendo el baloncesto. Ese hombre desapareció de su vida, y él siguió viendolo. Descubrió un equipo que encajaba con su filosofia de vida y a medida que crecía, el baloncesto creció con él. Aprendió nombres de jugadores y siguió sus carreras. Se emocionó con la primera medalla de los Herreros y compañia y contó cada libre que encestó en el europeo de Turquia, que le costó una amiga. Ya para entonces nuestro protagonista de chavalito era algo más que chavalito, pero para el baloncesto seguía siendo un niño. Nunca dejó de serlo. Cuando nos robaron la semifinal de ese europeo sintió ganas de llorar, allá por el año 98 o así.
El tiempo pasó. Llegaron noticias de una generación junior que había ganado a estados unidos, pero la esperanza es para los creyentes. Nuestro protagonista era cinico, pero fiel. Siguió viendo partidos, siguió esperando, siguió sufriendo. Su equipo le jugó una final al barcelona de tu a tu y más gente se implicó. No era cosa suya: el baloncesto le hablaba al alma de la gente. En esa final surgió un hombre que más tarde aparecería en la Historia del deporte en España así, con mayusculas. Pepu Hernandez.

Pero hablabamos de esa final. El equipo de nuestro chaval, el Estu, es un equipo pequeño que nunca se ha comido nada. Por tanto el Estu no puede pagar grandes fichas, pero como la generosidad es parte de la grandeza del baloncesto, cuando una estrella se va del equipo se le desea lo mejor. Eso sucedió con Pepu, que tras disputar nuestra primera final y por poco ganarla en la historia, se fue. ¿ A donde ? Hubo rumores, pero en principio no se supo nada.
En 2005, Pepu cogió a la selección española. Teniamos un equipo grande, habiamos hecho cosas, pero fallaba algo. Nos encogiamos ante los grandes partidos, los nombres...
Pepu había tumbado a Tau y Madrid con el Estu. Pepu sabía lo que había que hacer.
Y lo hizo. Una filosofia de equipo, de trabajo. Un grupo de amigos. Quedadas para tomar algo, partidas de cartas, conocer a las familias, gente viviendo. Y baloncesto. Siempre baloncesto. Partidos, jugadas, charlas, balón. Como algo divertido, como algo que empapa todo lo demás y que se mezcla con la vida. Y competitividad. Salir a ganar siempre, presionar, hacer que el rival se sienta inseguro. No dudar nunca, mirar siempre a la cara lo que se nos viene encima. Y pensar en todos los ojos que están mirandote, que te necesitan, que te quieren.
España ganó el mundial de 2006. Y desde entonces, no ha dejado de ganar. El equipo sigue siendo un equipo, una familia, un grupo. Son heroes. Han pasado por momentos duros, ha entrado y salido gente, pero siguen siendo Historia. Con Mayusculas. Son gente que te hace sentir orgulloso, que levanta la cabeza. Que piensa en los que tienen detrás. Ahora, habrá un chaval que no tenga muchos amigos, ni padre, que mire para la selección y piense " yo quiero ser como ellos ". Y ojalá lo sea. Porque siendo ellos grandes, nos hacen grandes a todos nosotros.

Gracías. Muchisimas gracías, no por una medalla, ni por media docena, sino por demostrarnos que se puede triunfar sin ser miserable, que se puede ser orgulloso sin ser arrogante, que se puede ser competitivo sin, por ello, dejar de ser una gran persona. Gracías.

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