lunes, 15 de octubre de 2012

Wonderwall


La vida está hecha de pequeños momentos. El problema es que solemos estar tan ocupados viviendola que no los vemos hasta que pasa un poco de tiempo. Algunos de ellos son fáciles de ver, como aquellas brasileñas que querían palique y de las que pasamos. Dios, el karma o su equivalente me lo cobrará en años sin sexo. Pero otras veces la vida es más sutil, y mientras uno está concentrado en el sabor de la cerveza se pierde el brillo de las estrellas.
A sexta feira fue un momento raro. Ya hace tiempo perdí la fé en la continuidad. En esta fase de mi vida, que no sé cuanto durará, no existen largas historias, sino solo una serie de historietas que ni siquiera se conectan entre sí. Vivo a bocanadas entre un enorme periodo de oscuridad y vacío y el siguiente.
En uno de esos contrastes entre la noche y el día, me encontré paseando por el Barrio Alto de Lisboa. Estaba resistiendome a una fase de seducción nacionalista, rollo " la cerveza de mi pais es la mejor del mundo ". No sé porqué siempre me encabezono en no disfrutar y tengo que enamorarme de una ciudad cuando ya me he ido. Supongo que es algo que comparto con bastante gente.
Pues como os iba diciendo, ibamos por el Barrio Alto con una cerveza en la mano y aún faltaba un rato, o quizás pasó antes y volvería a pasar, para que nos vieramos en una plazoleta donde el botellón, una estatua de Pessoa y musica africana. Lisboa tiene demasiados... y españoles. Ojalá recordara que otra cosa era lo que le sobraba a Lisboa. También faltaba un rato para sentarnos en un mirador, observando el río y contandonos cuentos, rodeados de gente y totalmente fuera del mundo.
El caso es que, como os iba diciendo, ibamos por el Barrio Alto que es como Tarifa, pero a lo grande. Muchisimas calles estrechitas, adoquines, bares, musica en directo. Paseabamos delante de un concierto y de otro, y en un momento dado dimos con Wonderwall. La cantamos. Le dije que no la entendía, pero me gustaba, y ella me la explicó. Luego le dije que yo le cantaba a mi hermano en su cama " why can't you leave me tomorrow instead ? ". Ella le cantaba a su abuelo Wonderwall. Durante un rato cantamos, con sonrisas en los ojos y lagrimas en el alma, y compartimos nuestros muertos con esa complicidad tonta, inutil, que solo los niños tienen. Esas situaciones tan perfectas que surgen porque están condenadas a surgir, momentos que forman historietas que forman...
Nada.
No sé si la volveré a ver. Durante un par de días voy a estar hecho un jabalí con dolor de muelas, hasta que vuelva a ser yo. Los ojos de la princesa brillan, recuerdo a la mariposa de coral. Todo es aquí y ahora, todo es mentira. ¿ Y qué más da ? Tantos buenos recuerdos, tanta vida. Y ese momento, en que celebramos la vida cantandole a nuestros muertos.

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