jueves, 25 de octubre de 2012

Un D. Prosi en la Graña 11 ( D. Laura )


No pensaba escribir sobre esto, y mucho menos tan pronto, porque suena a maldito empalmado de las pelotas. Que lo soy, claro, pero no me gusta que os deis cuenta tan rapido.
Veréis, os voy a contar una historieta. Ayer fuimos a una caminata por el monte. Empezó a diluviar y volvimos. Hasta ahí puedo leer. Según veniamos de vuelta se empeñó el comandante que llevaba la formación en que alguien cantara algo. Alfonso se arrancó con " allá por la tierra mora ", pero la gente no se la sabía. Hubo un silencio incomodo. Finalmente alguien se arrancó en la brigada de cabos primeros y cantó " banderita tu eres roja ".
A ver, dejando de lado el hecho de que cantar en una formación militar lo hacían los cavernicolas con porras al hombro, hay que verse en esa situación. La presión social que supone tener alrededor a trescientas personas, algunas a las que conoces y otras a las que no, y ser tu quién levante la voz, arriesgandote a que todos se rían de ti. Es por eso que los castigos sociales ( las listas de morosos, la picota ) funcionan tan bien. A nadie le gusta que lo humillen.
Pero como le comenté a una compañera mía, la mujer que se arrancó a cantar se le podrán criticar muchas cosas, pero la falta de valor no es una de ellas. Alguna vez en este blog me habréis leido hablar de D. Sonia, como referencia por mi parte en cuanto a lo que un sargento alumno debe ser. No es mi unica referencia. Hablo mucho menos de ella porque casi no tuve trato con ella, la idealicé de forma romántica y, que demonios, me da algo de vergüenza hablar de como después no quiso saber de mi. Pero ya haciendo el curso me encantó su elegancia, su naturalidad, su sentido del humor, su fortaleza y su carácter. Su facilidad para tratar con todo el mundo, desde brigadas antiguos hasta a mi, el aspirante a marinero más pelón que había por ahí.
El caso es que hace un rato escuché una conversación sobre ella. Yo estaba estudiando y escuché a una compañera mía decir que se había atrevido a preguntarle porqué dejó el curso. Ella, d. Laura, le había respondido que porque no se veía para mandar. Eso ya lo sabía porque me lo comentara un amigo mío, pero me sonreí al imaginar la respuesta, tan natural como propia de ella. Las cosas son así y punto. Y mi colega comentaba que, si hubiera tenido algo de confianza con ella, le habría dicho que ahora ya no podía presentarse a sargento aunque quisiera. Y que le admiraba esa honestidad.
D. Laura es mucho más sargento de lo que serán casi cualquiera de mis compañeras. Porque uno tiene que ser honesto consigo mismo, tiene que reconocerse. Tiene que decirse " como de bueno debo ser ? " y preguntarse si es capaz de serlo y si está dispuesto a sacrificarlo para serlo. Para mi D. Laura siempre fue eso. La inspiración, el lado del orgullo que te permite relajarte con los compañeros, sabiendo que unos son mejores en unas cosas y otros en otras, pero que es en la compatibilidad, en la sinergia, en el apoyo mutuo donde nos crecemos. La certeza de que eres tan bueno como la gente con la que trabajas y que estáis ahí los unos para los otros.
Me habría gustado decirlo. Me habría gustado levantarle y decirle a mi compañera " aunque tu tengas más galón que ella, dudo mucho que le llegues nunca ni a la suela de los zapatos. " No sé si yo llegaré. Pero está bueno tenerlo como referencia y darme cuenta de que, a pesar del tiempo y de todo lo que pase, ella sigue siendo lo que era. Es por gente como esa mujer que yo entré en esta empresa y que sigo y, a pesar de todas esas piratas, corsarias y demas fauna que uno se pregunta que demonios hace aquí, aún seguimos. Porque es en el saludo franco y orgulloso de esa mujer el espejo en el que mis metas se fijan. En llegar a ser el sargento que ella debería haber sido, aprovechando todo lo que he aprendido de gente así.

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