martes, 16 de octubre de 2012

Hello darkness my old friend


Así empezaba una maravillosa canción de Simon&Garfunkel, que yo conocía por el carnaval de Cádiz y que la antropóloga tuvo el detalle de enseñarme en facebook ( por cierto, un saludo allá donde estés. Se te echa de menos ). Fantastica entonación oscura y profunda, rica en consonantes y vocales vibrantes. Siento aún su eco en el pecho.
Y no es lo único que siento en el pecho. La vida llama a la vida, es algo terrible. Uno no puede arrancar una carrera y pararse en seco. Es una maldita droga. Te llenas los pulmones y, como un niño, lloras pidiendo más. E intentas sustituir el sol con el brillo de las estrellas y no funciona, porque no puede funcionar.
Decía un amigo mío, un sorprendente amigo mío, que tengo que tener cuidado con no confundir la amistad con el amor. Realmente para mi no puede existir el uno sin el otro. Si la gente le pone barreras al campo es SU problema. Yo no tengo miedo a sufrir, como no tengo miedo a otro montón de cosas porque soy demasiado idiota para darme cuenta. Sin embargo soy desconfiado, cual animal escaldado, y a veces esa desconfianza me traiciona y lastima a quién no debe. Y mientras apilo personajes y colecciono situaciones, mi vida se va enroscando en si misma y el ruido me impide escuchar la musica.
Porque hay musica, claro que la hay. A ver si me meto esto en la cabeza: no soy tan especial. Puedo intentar separarme del mundo por centenares de kilometros, lo que hay en la otra orilla seguirá siendo mi reflejo. En el fondo quiero lo que todo el mundo, un abrazo que me haga olvidar el frío que hace ahí fuera, unos ojos que me miren con orgullo y admiración y un sitio donde dejarme caer al final del día, dispuesto a olvidarme de todo y de todos. ¿ Soy un superheroe ? Hasta Superman dormía la siesta.
Pero han sido demasiadas cosas seguidas. Demasiados días en apenas unos pocos, demasiadas sensaciones y experiencias. Besar y acariciar no es más que seguir el impulso de tu corazón, toc toc, esa situación que surge. Pero como tantas cosas, estamos demasiado distraidos para darnos cuenta de la hermosura del momento, para vivir el tiempo presente sin plantearnos el pasado ni el futuro. Para ser, sin renunciar a haber sido ni a llegar a ser, pero tampoco temiendolo. Hay que soltar el miedo y abrazar la vida fuerte, con ganas.
Porque luego llegará esto. Llegarán las tinieblas, esa vieja amiga, y mientras camino bajo la lluvia las luces rojas de posición de las gruas brillan como los faros del infierno. Y en mi cabeza, despejada ya de canciones en la puerta de bares, de caricias sin tocarse, de palabras e imagenes, solo queda el vacio, el odio, la rabia. El invierno, que pronto dará paso a la primavera de la curiosidad, del misterio, de los juegos, y de allí al verano del hastío, de la alegria y el silencio, noches compartidas en torno a una cerveza en la playa.
Hay que vivir. Hay que llenarse los pulmones de aire, aunque esté frío y duela, y hay que compartir. Hay que decirle a aquellos que queremos que lo hacemos, aunque sepamos que mañana lo olvidaremos. Hay que abrazar fuerte, reír con ganas y llorar con pasión. Y luego, cuando todo acabe, recoger la maleta y, con dignidad y orgullo, despedirse sin mirar atrás. Sabedores de que hemos sido la mejor versión posible de nosotros mismos, para lo bueno y para lo malo. Y gracías.

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