lunes, 8 de octubre de 2012

Luchando


A veces la batalla más difícil es levantar los labios en una sonrisa. A veces la distancia más larga es estar a tu lado. A veces, sin saber como, las tinieblas encuentran un agujero en la armadura y el azul se te mete dentro.
Entonces sabes que es la hora de la mochila. Suenan tus cascos y el camino te llama, el verde de los valles, el negro del asfalto, el grís acero de cielos invernales. No estás tan lejos. Nunca puedes estar tan lejos que dejes de ser tu y entonces lo descubres.

Hay una fuerza terrible en el no. Algo inamovible, violento, feroz. Banish from sanctuary, quemalo todo, no dejes ni el recuerdo. Cuanto bueno que no fue, cuanto bueno que pudo ser. Y la rabia te pone en pie y gruñes. ¡ No será esta vez ! No me he rendido, solo estaba descansando. Y otra vez arriba, subiendo la cuesta, sword in my hand. Y sonríes y es la sonrisa del lobo.

Hoy ha sido un día con luces y sombras, como el tiempo. Y como el tiempo, en el abrazo de sus oscuras nubes he encontrado esta reflexión. Me he sorprendido que detrás de las sedas y el encaje, la princesa es dura. También me ha sorprendido que estoy cansado, mucho, y que tengo el frío metido en el cuerpo. Pero ese frío no me va a tirar abajo. Da igual cuantas esperanzas se demuestren falsas, cuantos viajes sean en balde, cuanta soledad venga. Yo no me rendiré. Porque me debo a los hombres, mujeres y al angel que me hicieron, porque aún tengo mucho que dar pero, sobre todo, porque yo soy un guerrero. Y hace falta mucho más que esto para tumbarme.

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