miércoles, 31 de octubre de 2012

Happy happy helloween


Helloween, helloween. Happy happy helloween. Oh, oh, oh-oh.
No hace tanto que cantara esto. O quizás hace una vida. La vez que más claro lo recuerdo fue en el año 1998. Estaba en la puerta de la pista cubierta de Dos Hermanas y pronto tocarían Dirty Deeds, Helloween y los Iron Maiden. Era la primera vez que los vería y, hasta donde puedo recordar, creo que la última. Me sorprendió mucho eso que cantaba la gente y nunca lo he olvidado. Happy happy helloween, helloween, helloween.
El tiempo pasa, pero algunas cosas no cambian nunca. Esa noche no, pero otras noches he hablado con miembros de grupos a los que admiraba. He conocido a mucha gente interesante, me he sentido fascinado. He viajado, he crecido, he aprendido. Ahora me tomo una Franziskaner solo en casa antes de poner algo de musica. En Ferrol no hay nada que hacer y estoy muy cansado como para irme a Coruña y pasar toda la noche deambulando solo. He alzado mi Franziskaner por las mentiras, por aquella vez que te dije que pasara lo que pasara podrías contar conmigo y como en el último momento te falté. Tu aguantaste por mi, para darme tu bendición, para perdonarme, pero a veces aún me cuesta perdonarme a mi mismo.
Esta está siendo una semana rara. Ayer me sonrojé. Yo, que he parado a chicas por la calle para preguntarles sobre Nietzsche, solo para demostrar que no pasaba nada. Que viajo por el mundo a mi aire, que digo lo que pienso sin avergonzarme. Que he hecho algunas cosas... y sin embargo ahí estoy. Avergonzado como una colegiala. Todo por un papel, que me viene grande o mejor dicho que me baila.

Hoy he tenido tiempo para pensar. Nadando me he sentido tan a gusto que he podido meditar y darme cuenta del sabor del fracaso. Me sonrojé por nada y, bueno, oye, mejor. Es el problema que tiene que tus amigos te quieran, que les cuesta decirte la verdad. Hay que replantearse cosas, organizar prioridades. Sin dejar de quererse a uno mismo, pero sabiendo que todo es mentira, que todo pasa, que lo que queda es lo que hay. Y que la elegancia consiste en saber perder, sonreír y dejar que todo siga su camino. El hambre es muy difícil de satisfacer, pero precisamente por eso nos mantiene vivos. Lo importante es saber orientarla, focalizar, establecer prioridades. Disfrutar la vida que tenemos, aunque a veces duela. Como decían ayer en el Art-hostel, aquellos que dicen que el sol es felicidad es porque nunca bailaron bajo la lluvia. Yo no lo he hecho. Pero lo haré. Y a eso me agarro. A mi optimismo de luchador, a mi curiosidad. A ese niño que soy y seré. Como le dije a Kerry el lunes, mi estilo no gusta a las chicas por aquí pero ese no es mi problema. Yo soy yo. Y en serlo me celebro y celebro la vida, los que me enseñaron y me hicieron y lo que soy. Así que voy a tomarme esta cerveza a vuestra salud, donde quiera que estéis. Y happy happy helloween.

No hay comentarios:

Publicar un comentario