domingo, 16 de septiembre de 2012

Sobre los nombres y el miedo a él


Buenas tardes gente. Andaba pensando en una conversación que tuve con Alisa el viernes. Yo le decía que me niego a dejar que los nombres configuren mi realidad y ella me dijo que a ver si era yo como esos hombres que tienen miedo al compromiso y a llamar a las cosas por su nombre.
Importante aclaración. En este punto Alisa y yo es practicamente imposible que nos pongamos de acuerdo, por una cuestión de dirección. Alisa considera que la confianza te da la libertad y yo considero que la libertad te da la confianza. ¿ Por qué ? Supongo que porque soy un loco inconsciente y, como decía el otro día una colega, " un poco salvaje ". Uno de los puntos más interesantes de la serie de Eriksson " el libro de los caidos de Malaz " es su defensa de la barbarie. Según Eriksson, la civilización es una serie casi infinita de acuerdos sobre el precio de todo.
Estirando la definición, podriamos entender las relaciones personales como una serie de acuerdos sobre el valor de todo. Y yo me rebelo contra eso. Entiendo que de forma natural es así, que cada relación establece unos limites... pero precisamente porque lo hace cada relación me niego a asumir una serie de ideas preconcebidas, impuestas por un contexto social.
¿ No es un poco paradojico esto ? Soy un militar. Y los que me conocéis sabéis que soy un militar bastante autoritario, un tipo muy de blancos y negros. Y sin embargo exijo ese respeto al espacio personal, esa independencia, como condición indispensable. ¿ Por qué ese contraste ?
Porque no estamos en guerra.
Voy a explicarlo de forma que me entendáis. Yo considero que ante una situación de crisis hay que ser inmisericorde. Hay que plantear las soluciones que sean necesarias y hacerlo rápido y eficazmente. También considero que, si mi trabajo consiste en prepararme para situaciones de crisis, lo mejor que puedo hacer es estar constantemente mentalizado. Es como hacer deporte. Si uno quiere hacer deporte bien, lo mejor que puede hacer es concentrarse y tomarselo en serio.
Pero eso no es mi vida. Mi trabajo es una parte grande de ella y me gusta, pero yo no soy mi trabajo. Tampoco soy mi gusto musical, entendido como cultura. Ni mi lugar de procedencia. Ni siquiera mi familia. Soy lo que soy, en cada entorno, lugar y situación. Soy adaptable y por eso mismo considero que ponerle nombres a las cosas, entendido como fronteras que nos limitan, es una tontería. Yo no sé quién es mi mejor amigo. Tampoco necesito saberlo. Yo sé que esta persona con la que estoy ahora es alguien a quién quiero un montón. ¿ Mañana o en otro sitio o con otra persona ? ¡ Y yo que sé ! Cada escenario es distinto y se define a sí mismo.
Esto es un poco rebundante, la verdad. Pero el otro día escribí una " lista de consejos de calidad de vida " y Karen dijo, muy acertadamente, que aunque lo sabemos a veces es bueno recordarlo. Vamos a recordar, si no os importa, que llamarse hermano, primo, cuñado, novia o mascota solo tiene el sentido que nosotros le damos. Y que puede ser tan positivo o negativo como nos dé la gana. Ahora mismo hay una persona a la que echo muchisimo de menos, que ha sido muy importante para mi durante mucho tiempo y que aún lo es. Y si os soy sincero, en ningún momento ni ella ni yo nos hemos planteado que eramos. ¿ Qué necesidad había de ponerle un nombre ? No existe ningún simbolo que contenga la inmensidad del aquí y el ahora. Y recordandolo, cuando ha pasado a ser el allí y el entonces, tampoco tengo necesidad de ese simbolo. Ella era ella y yo soy yo. Y ponerle un nombre no habría servido absolutamente para nada.

1 comentario:

  1. Esque, Ale, poner nombres no deja de ser una manera de clasificar a las personas... Y eso nunca nos ha gustado, ni a tí, ni a mí. Creo que sabes que odio la palabra "novio" y sin embargo "tengo uno"... Por aquellas obligaciones que el nombrecito, en cierto modo, otorga. O más que obligaciones, detalles a tener en cuenta. Gracias por irme recordando estas cosas que, a veces, se me olvidan.

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