viernes, 21 de septiembre de 2012
Un D. Prosi en la Graña 8 ( oficial )
Hola buenas noches. Hace tiempo que no escribo, lo sé, pero he estado liado con cosas mías. Cosas como intentar encontrarle sentido al desastre que están haciendo con el curso nuestro, a todos los cambios sobrellevados. Uno necesita una cierta perspectiva para darse cuenta de las cosas, más allá de la natural resistencia y el lloriqueo de la gente demasiado concentrada en sus privilegios como para intentar tener una visión de conjunto. Las cosas no son tan así.
El caso es que hoy voy a dedicar este artículo a uno de mis profesores. El alferez de navio Rivadulla, que se presentó a nosotros en Mayo y me dio mal rollo. Aún está a tiempo de suspenderme y puede que lo haga. Pero eso no creo que afecte al respeto que siento por él.
Es curioso. Los que me conocen saben que soy una persona que intenta seguir los preceptos de aquel poema de Calderón de la Barca sobre la milicia. Y tratar de ser lo más, y parecer lo menos. Cuando el oficial nos pidió que nos presentaramos en clase yo podría haberle dicho que coincidí con él en la escuela durante su periodo como caballero, pero no me pareció oportuno. No es que tuvieramos mucho trato. Por aquel entonces un oficial era para mi algo tan lejano como el sol. Pero ya de aquella recuerdo que me llamó la atención el aire distante y reservado, muy profesional de este hombre. Nosotros lo llamabamos " el caballero que va en moto ", porque un día nos llevó a correr y por poco se carga a dos o tres. Recuerdo que de aquella el caballero me parecía el paradigma de oficial, un tipo callado, sereno, seguro de si mismo, estudioso. Cuando lo ví salir en el cuadro de distinguidos no me sorprendió, aunque no lo conocía de nada. Pero encajaba con la imagen que de él tenía.
Bueno, eso fue en 2008 y ahora estamos en 2012. Bastante ha llovido y bastantes cosas han cambiado. Sin embargo yo sigo pensando igual sobre lo que un oficial es y lo que un oficial debe ser. Entonces el caballero Rivadulla me parecía un oficial estandard, pero el tiempo me ha demostrado que no es así. Ahora que lo tenemos como profesor vemos que efectivamente es un hombre serio y trabajador, reservado, pero a la vez es una persona honesta, cumplidora, con sentido del humor cuando tiene que tenerlo, despierto y ágil, además de una persona con valores.
Es una suerte tenerlo como profesor. Pero no solo él. Entre mis mandos de brigada sigo viendo gente que me recuerda porqué estoy en esta empresa. Gente como d. Casimiro, que es un ejemplo de profesionalidad, de entrega, de dignidad. Porque al final ser militar se reduce a eso. No a gritar mucho, no a figurar mucho. Ser militar consiste en cumplir con tu deber. Que es lo que me enseñaron en mi casa, que es lo que me repitieron en la escuela y que es el motivo por el que sigo en la empresa. Porque pertenezco a un lugar donde, bien o mal, puedo dar todo lo que tengo y eso es lo que se me pide. Y a veces incluso, como el miercoles, resulta que el saber estar, el preocuparse por hacer las cosas y el tener educación se recompensa. Y un subteniente, con toda la razón del mundo, convierte un puñetazo en el estomago figurado en un pescozón y casi una sonrisa. Porque errar es humano, pero lo importante es mostrar actitud, esforzarse. En resumen, ser un hombre que se viste por los pies.
Y es un placer tener profesores y mandos que se visten por los pies, en un mundo en el que uno muchas veces no sabe si va o si viene.
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