domingo, 2 de septiembre de 2012

Diario de campaña 3


Como el día sigue a la noche, nos levantamos en Friedrichshaffen y desayunamos pretzel que hizo la Stark. Le dijimos de venirse a Fussen con nosotros pero no podía, así que con pena y sin saber si volveriamos ( ella muy amablemente se ofreció ), enfilamos hacía la ruta de los castillos. Con toda la tranquilidad del mundo, fuimos a Bregenz a echar gasolina y Jose se bañó en el Bodensee. Otra cosa hecha para la biografia. Haciendo el camino de los alpes alemanes ( deutsche alpen wege ) y saltando de una carretera comarcal a otra fuimos admirando paisajes, contando historias y avanzando inexorables hacía Füssen. Que cuando llegamos resultó ser un sitio muy turístico, con su parking de pago, sus tiendas de recuerdo, su museo de pago y, en general, dinero. Precioso. Montañas, lago, bosques, puente... y en medio los castillos. El de Ludwig y el de su padre, el pabellón de caza... todo. Nosotros viendo la lluvia, subiendo montañas, echando fotos, empapandonos y teniendo que ir al coche a por una toalla. Vuelta por pueblos y más pueblos hacía Lindau, donde al día siguiente el coche volvería a sus dueños, previo paso por una pensión y por perdernos bajando hacía el lago y volviendo, no seriamos nosotros si no nos hubieramos perdido al menos una vez en este viaje.

Pero ahí acabó la parte autonoma. A partir de devolver el coche, con su viaje aventurero a Bregenz para lavarlo, todo lo demás fue mochila y manta. Llegar a la estación de Lindau y que el tren a Munich sea 40 euros, pero con una solución de intercambios doce. Sobrevivir al autobus somalí como diría Jose y llegar a la München Hauptbanhof, con una serie de indicaciones hacía el hostal pero ni idea de como seguirlas. Y tan tranquilos. Luego sigo.

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