viernes, 8 de junio de 2012

Una chica del bus


Hoy me comentaba una amiga que tengo demasiada imaginación. No es mentira. Es culpa de una infancia solitaria con muchos libros y una mente demasiado activa. También tiene su parte de culpa una familia empeñada en que no me achicara, sino todo lo contrario, que me animó a dar lo mejor de mi mismo siempre. Y claro, así no hay quien renuncie a tantisimos sueños y a seguir buscando, siempre buscando.

Bien, dejando de lado mis inquietudes que me llevan a construir una historia de la nada, lo cierto es que a veces ese exceso de imaginación me ha llevado a descubrir cosas sobre la gente muy rapido. A establecer analisis. Y hoy, según volvía del hospital, me encontré una situación de esas que tanto aparecen en este blog esta semana. Que se vé que debe ser la semana oficial de " en pie y a pelear, soldado ", porque vaya tela.
Os pondré en antecedentes. Ferrol no destaca por la simpatia de sus gentes. Aquí lo normal es encontrarse caras largas, protestas, mal humor. Será el clima o la idisincrasia propia del lugar o la mala suerte que tenemos algunos, pero a pesar de que la gente es por lo general amable y muy educada, eso no quita que tiendan a vivir deprimidos, quejandose por todo y en guerra con el mundo. Para ser feliz primero hay que querer ser feliz, pero parece que el ruido distrae a la gente de ello.
Por eso cuando estás en el autobus con un libro y ves que para al lado de una mujer en silla de ruedas, te sorprende que una chica la acompañe y ayude. Será una asistente, piensas. Pero no. La chica no la conoce de nada y la ha invitado, a lo que la mujer discute. Que ella tiene tarjeta, que no hace falta que le invite... y la muchacha se mantiene firme. Listo. Esta hecho. Es una discusión curiosa pero me gusta, porque me veo identificado en la muchacha. No la ha invitado porque piense que sea algo bueno, sino porque NECESITA hacer algo por los demás, para justificarse a si misma y su actitud ante la vida. No le está haciendo un favor a la mujer de la silla de ruedas, se lo está haciendo a si misma. Y eso me gusta. Le comenta a la mujer que cuanto más nos den, más debemos sonreír. Que hay gente a la que le gusta hundir a los demás y vernos abajo, y a esa gente hay que sonreírles el doble de fuerte. Me gusta esa chica. Me gusta lo que dice.
Y sigo con mi libro. Pero ahora viene la sorpresa. Le comenta que hay que levantarse y después de todo, ella está rehaciendose. Está haciendo bachillerato, se ha apuntado a un curso por las tardes de no se que ( tampoco es que yo estuviera pegando la oreja, coñe. Me hablaba a medio metro pero en ese momento el libro ya me tenía en sus redes ) y estaba intentando entrar en la Marina.
Al oír Marina se me pusieron las orejas de punta como a Barrios cuando oye Ire. Así que me fijé. Le pregunté. ¿ En Marina ? Y me dijo que sí. Le comenté de la convocatoria de sargento pero para eso necesitaba bachiller. Dijo que tenían su dirección y teléfono y que si no ya se aseguraría ella. La verdad, me habría gustado ayudarla y se lo dije, pero en ese momento llegó el bus a mi parada y me fui. Y me quedó una sensación un poco rara. Le deseo muchisima suerte a la chavala, porque es gente así la que hace falta. Gente que cuando las cosas vienen mal dadas aprietan los dientes y sonríen, que invitan a una minusvalida. Que hacen del mundo un lugar mejor no porque sigan ninguna bandera, sino porque ellos mismos son esa bandera. Como ya he dicho antes, me gusta que haya gente así. Y ojalá hubiera podido ayudarla.

No hay comentarios:

Publicar un comentario