domingo, 10 de junio de 2012

Lunes

Hola tinieblas, viejas amigas. He venido a veros otra vez.
Así comenzaba " el sonido del silencio ", de Simon and Garfunkel. Un temazo que puso la antropóloga en el facebook en cierta ocasión, abriendo mis oídos a esa maravilla que usara Juan Carlos Aragón para la chirigota " Los Yesterday " en mi tierna adolescencia.
Es lunes otra vez y arranca de nuevo el ciclo. Y por días me cuesta más. El fin de semana ha pasado, bien, interesante, divertido. Sin novedad en el frente. Ha continuado en el domingo, ese día puente, en el cual me he encontrado siendo juzgado. Y como diría la Biblia " fue juzgado y hallado no apto ". Me resulta curioso como suele juzgar quién menos tendría que hacerlo. O quizás sí debería hacerlo, pero en el momento en que dejamos el analisis objetivo para pasar a la opinión personal, dejamos el altar aséptico y esterilizado de los cientificos y pasamos al confuso barro de los mortales. Y nuestros prejuicios, nuestras cicatrices en el alma y nuestras historias en la mochila nos enturbian los ojos. Tenemos sangre entre los dientes, sangre nuestra y ajena, sangre que sabe a dolor y a tragedia, pero también a victoria. ¿ Renegamos de nuestros pecados ? Algunos podrán hacerlo mirando adelante, o acusando a otros. La mejor forma de evitar la hipocresía es evitar los juicios, como la mejor forma de evitar emborracharse es no beber alcohol.
Y para todo lo demás, queridos amigos, mastercard. Mi alma ruge por algo distinto, por un cambio. Esta vida monotona, este horizonte de semanas y meses... me aprisiona, me entorpece. Tengo hambre. Tengo hambre de experiencias, de sensaciones, de paisajes, de musica. Tengo hambre de historias, hambre de idiomas, hambre de abrazos. ¿ De verás soy tan confiable ? Para algunos de vosotros soy esa roca en la que apoyarse al final del día, sabedor de que siempre estará ahí. Tengo demasiadas capas, unas duras, otras blandas, y la presión nunca se distribuye uniformemente. A veces tengo miedo de romperme, mientras que la necesidad me impulsa y sé que no podré permitirmelo. Bendita necesidad, si no estuvieras tu no sé que haría. Y siendo honestos, mirando a la vida a los ojos, agradezco esa muleta que quizás me impide ser yo mismo. ¿ Y qué le importa a nadie como está mi alma ?
Aún le doy vueltas a muchas cosas de ayer. Sí. 1200 kms de por medio y sigo al alcance de sus dientes y de sus heridas. Maldito lunes.

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