martes, 12 de junio de 2012
¿ Donde estás, chica lectora ?
- Aviso a los navegantes. ¡ Cuidado ! Pastel a la vista -
¿ Donde estás, chica lectora ? ¿ Donde te escondes ? Aquí y allá he visto retazos de ti. He escuchado tus pasos lígeros, de ratón de biblioteca. He entrevisto tus ojos, apenas un instante tímido, a través de estantes y estantes de libros a punto de reventar. Te he buscado en cientos de desconocidas. He charlado contigo en Estambul, he filosofado en Atenas, te he abierto mi corazón en Sofía. Hemos contado chistes junto al mar y, una y otra vez, me ha sorprendido tu capacidad de adaptación. Tu sentido del humor, tu cinismo y a la vez esa fé, de princesa de cuento de hadas, inasequible al desaliento.
Me consideras fuerte, pero eres aún mucho más que yo. Tu no necesitas escudarte en poses. Y sentados junto al mar, barajamos personajes como cartas de una baraja. Nos los tiramos a la cara y nos disfrazamos, poniendonos caretas de los más diversos tipos. Padre. Puta. Ladrón. Hermana. Viajero. Bruja. Fantasma... los personajes pasan a toda velocidad y con cada giro de la muñeca, nuevos dados van a caer sobre la mesa. Las viejas heridas se curan con lametones rápidos y pronto vuelven a brillar los ojos, ansiosos de más.
¿ Donde estás, chica lectora ? Me he quedado prendado de tus ojos de coral. Ante ti no puedo fingir. Tu me conoces falible, ¡ tanto ! Y aún así tu mano sigue agarrando la mía. Me meces en mi sueño. Y cuando en la noche el frío me despierta y me asomo a la ciudad, viendo a lo lejos el mar, la montaña, los pueblos, el astillero... todo, sé que en algún lugar allí lejos tu también estás y piensas en mi. A veces camino este suelo adoquinado, que es todos los suelos del mundo y ninguno, y añoro el tiempo en que viajaremos juntos. En que veremos el paisaje correr desde la ventana de un tren, tu cabeza apoyada en mi hombro, jugando con tu pelo. Sentados uno frente a otro, cada uno encerrado en nuestro libro, tirandonos citas a la cara como otras parejas se tiran cosas en cara. Planteando debates, discutiendo sobre interpretaciones, soñando de la mano. Entrando juntos en el palacio de Treville, viendo el amanecer en California con los perros, escuchando las bombas caer sobre Madrid, navegando ese mar oscuro como el vino.
Alguna gente me dirá que de qué sirve todo eso. Que la vida es aquí y ahora y que se mide en chicas llevadas a la cama como muescas en el cinturón, en noches de borrachera como cicatrices en el hígado. Pero lo importante no son cuantas historias tengas para contar, sino cual es el sabor de esas historias. Y contigo, chica lectora, mis historias saben a vida.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario