jueves, 16 de agosto de 2012
Prestigio y quedar
Hace unos años, dedicar una tarde de tu vida a una persona era como dedicarla a contemplar la futilidad del universo, en formato peces en un acuario. Mi percepción del tiempo ha cambiado, probablemente al cambiar mis circunstancias, y ahora soy consciente de que una tarde de mi vida, o incluso unas horas, valen muchisimo. Valen muchisimo en el plano emocional, en el fisico e incluso en el economico. Cada momento de nuestra vida decidimos si pasarlo produciendo, descansando, compartiendo... e incluso la forma de compartir es importante. Podemos ir a jugar al fútbol con amigos, tumbarnos en la playa con un libro, ir al cine... las opciones son infinitas y a veces nos abruman.
No solo eso. Hoy en día la distancia no es una barrera, o quizás lo es demasiado. Puedo sentarme en este mismo ordenador desde el que os escribo y conversar con un compañero que está en Australia. O quizás con una docena de compañeros a la vez, todos en diferentes " salas " virtuales, como reservados de un bar, en el que compartir secretos, susurros, proposiciones, misterios. Es tan fácil tener una vida de mentira, que a veces uno se pregunta si no será que estamos perdiendo la capacidad de tener vidas de verdad.
¿ Qué a qué viene todo esto ? Bueno, vereis, yo soy un tío que viaja por el mundo. Tengo amigos repartidos por todos lados y a veces es muy complicado coordinarse para vernos. Otras veces, a pesar de tener todo el tiempo del mundo, lo que no hay son ganas. Por mi parte o por la parte de los demás. A la hora de planear mis vacaciones, primer periodo " libre " de verdad en meses, he tenido que escoger a unos y dejar fuera a otros. He tenido un criterio claro: querer a quien me quiere. Aún así, habrá gente con la que no pueda quedar y quiera, y gente que me dejará tirado. Siempre sucede así y no es nuevo. Pero quiero aprovechar este momento para reflexionar en la cuestión de prestigio que supone, en un mundo como este, el dedicar un rato para quedar con alguien y compartir.
Yo escribo cartas. De papel, de esas antiguas. Una carta de papel, a poco que te pongas, te come un montón de tiempo. Y eso está bien, porque cuando la recibes tienes entre manos algo que te habla directamente del alma de la otra persona. Pues a veces quedar con alguien es una cosa así. Es dedicarle a esa persona un tiempo que para ti es precioso y que podrías emplear en montones de otras cosas, pero lo entregas libremente. Sin esperar a cambio más de lo que supones que recibirás ( y ya eso es cosa de cada uno valorar las transacciones sociales ), y suponiendo que merece la pena.
Quizás parece que me lo tomo demasiado en serio. Supongo. Soy un vampiro social y me alimento de interacciones. Existen personas en la vida que son toxicas. Gente cuyo contacto te provoca reacciones negativas, te hunde, te contamina. Esa gente no interesa. Pero existe gente, mucha, que es tan positiva, tan buena, tan enriquecedora. Gente que te transmite muchisimo de si mismo. A veces lo hacen conscientemente y otras sin querer, pero esa gente es la que merece la pena tener en nuestras vidas. Y aunque a veces no podamos quedar, siempre es bueno quererlo.
Decía la adolescente que si las intenciones no cuentan. Las intenciones, sinceras entre personas de honor, cuentan a veces casi tanto como los hechos. Y por eso quiero dejar constancia de que, aunque soy un desastre, os quiero mucho. Y ya sabéis por quién lo digo.
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