martes, 14 de agosto de 2012

Hambre y agujeros negros


El otro día en Sofia me fije en "medios para ocultar tu personalidad". El tema de la identidad es algo a lo que llevo tiempo dandole vueltas, pobre Karin con la que discutí sobre ello entre demasiada cerveza y miradas de reojo a lo buena que estaba y lo bien que lo escondía. Me di cuenta de que hay gente que considera que la belleza puede sustituir a la felicidad, al darse cuenta cinicamente que no la consigue. Miré de reojo a gente que deja su interior secarse y pudrirse mientras expande su exterior, pidiendo a gritos que alguien los salve de si mismos. ¿ Quizás quieran una vida de monotonia y estimulos paradigmaticos ? Me resulta demasiado alienigena. Y mientras observaba eso, pensé en el efecto Venturi. Así de mi para uds, el efecto Venturi es lo que hace que, si colocas un embudo en un deposito de gasoil y soplas, el vacio " chupe " el gasoil para afuera. O dicho de otra manera, que la relación de fuerzas a equilibrarse haga que una ausencia haga fuerza para verse rellena, debido a la forma del cuerpo.
¿ Os suena ? Y por un momento tuve miedo. Fue una sensación extraña. Me fijé en toda esa gente con sus relojes de oro y sus camisas de pecho descubierto, sus tacones de aguja y sus decolorados rubios-targaryen y me pregunté... ¿ cuanta presión están haciendo hacía adentro ? ¿ Cuanta frustración, ira, miedo... cuanta oscuridad existe en su interior que intentan compensar así ? Ya alguna vez he escrito por aquí que una prostituta ejerce una labor social, dado que casi todos los sociopatas son personalidades frustradas y traumatizadas sexualmente. El sexo libera. Pero también esclaviza. Debemos ser libres para sentirnos satisfechos de nosotros mismos, debemos ser orgullosos, fuertes y libres. La felicidad como extasis es un momento de placer, una droga hormonal. Pero la felicidad como equilibrio, satisfacción y bienestar no es algo a lo que podamos aspirar: es algo a lo que debemos. La sociedad occidental reconoce como derecho inalienable del ser humano la busqueda de la felicidad y eso es bueno. Hay que compensar esos agujeros negros. El hambre de vivir, de experimentar, de conocer, es sana y saludable. Pero la distinción entre apetito y gula es la que existe entre la curiosidad por descubrir un lugar y la obsesión por ir a él.

El otro día tuve la suerte de charlar con un chaval bulgaro muy inteligente, Vladimir. Nos pasamos dos horas hablando de trabajo, viajes, idiomas, filosofia y sobre la vida. Le dije que mi problema con Bulgaria era que las mujeres actuaban como si tuvieran quince años y todos los problemas propios de esa edad y los hombres como si tuvieran cuarenta y todos los problemas propios de esa edad. Me dijo " bienvenido a mi mundo " y le dije " ni hablar. Mañana me vuelvo a España ". Es muy fácil ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio, y estoy seguro de que si me fijo encontraré cosas tan terribles aquí mismo o peores. Al menos allí la gente no se droga para evitar mirarse en el espejo. Pero aún así, me resultó curiosa esa reflexión y aquí os la dejo. Va a resultar que no estoy tan loco del todo cuando puedo viviseccionar una cultura en dos frases y encima que me den la razón. Pero no serviría de nada hacerlo si no obtengo de ello alguna lección, algo valido, que me haga más inteligente, más fuerte, más rapido, más guapo. O al menos me permita reirme un ratito.

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