domingo, 26 de agosto de 2012

Alisa


Hace muchisimo tiempo que no escribo sobre ella aquí, lo cual supongo que como todo al principio le molestó, luego le frustró y finalmente le resultó indiferente. Interesante como evoluciona nuestra mente hacía el conformismo para adaptarnos a todo, ¿ verdad ?
Me va a dar lastima que pase otro año sin verla. Es una vida inquietante esta en la que empiezas a tener periodos regulares de tiempo para algo. No sé si conseguiré adaptarme muy bien.
Volviendo al tema, Alisa. Tanto tiempo, ¿ verdad ? Apareció en mi vida de casualidad. Una pregunta implicita, un desafio. " No hay cojones ". Es la condición basica de toda mi relación con ella.

Alisa es una de las personas más desperdiciadas que conozco. Una mujer con un talento asombroso, una inteligencia afilada y feroz, una sensibilidad dolorosa. Que sin embargo está embotada. Hoy he leido en un blog que " conformarse es un suicidio diario ". Prioridades. Si quieres tocar las estrellas, no te sientes a verlas desde el cristal.
La echo de menos. Mentiría si dijera lo contrario. Me enseñó mucho y me dió mucho. Siempre con un precio, claro. Siempre fue una pelea, siempre. Pero la vida en sí misma es una pelea, un constante tira y afloja. Eso tambien lo aprendí con ella. Nos conocimos. Tu das de ti a una persona a cambio de que esa persona te dé de sí y surge una complicidad, comoda, sencilla, elegante. Yo no soy un tipo complicado. Alisa, a pesar de todo el maquillaje que pueda usar, tampoco.
Pero la gente no profundiza. Y cuando uno se da cuenta el tiempo pasa, los recuerdos van perdiendo filo y se convierten en postales, en relatos. En poesia. Se va el verano y llega el otoño y los barcos vuelven a salir y los marineros se van. ¿ Te suena de algo ? Pero los marineros siempre se van. Es ley de vida. Y quedan fotos en la mochila, que mirar entre guardias, cuando el mundo tiembla y tu estás calentito en el utero de tu cama, en un sollado que huele a ropa humeda y a pies. Y a recuerdos.

Luego todo vuelve y todo se va, claro. Como la marea. Y coges un teléfono y mil cien kilometros no son nada, porque lo que habla es tu alma. Y sabes. Y sientes. Y querrías tocar, abrazar, compartir. Decir sin palabras todo lo que sabes y la otra persona también. Demostrar. Al fin y al cabo, mañana estaremos muertos y seremos huesos y comida de gusanos. ¿ Por qué creer que no ? ¿ Por qué engañarnos a nosotros mismos ? Pero nadie vive dentro de la cabeza de nadie y cada decisión que tomamos es nuestra y solo nuestra. Yo me asomo al balcón, contemplo la vida y sonrío. Donde quiera que estés, Alisa, gracías. Muchas gracías.

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