martes, 14 de agosto de 2012
Pobre Madrid
O quizás pobres de nosotros. Buenos días, almas perdidas. ¿ Me habéis echado de menos ? He estado durmiendo. Durante las ultimas dos semanas he viajado, aprendido, sentido... he metido los dedos en los enchufes de la realidad allá donde los he encontrado y tengo una lista de notas como para escribir dos libros seguidos.
Y como es lógico, no tengo ni puñetera idea de por donde empezar.
Así que iré de adelante para atrás, o a saltos según me vaya viniendo. El finde en Sofia en teoria iba a estar dedicado a la reflexión, al " oommm " y a escribir. Pero no tenía ganas. Estaban pasando demasiadas cosas interesantes en la vida, y a veces el simple sentarse en el jardin con un libro, ese " mar lejos del mar " que cria Boris y los demás es suficiente acción para un cerebro fornido.
Así que hoy, aún lunes para los que hemos dormido una hora en una cama prestada, voy a dedicaros un momento de reflexión. Para ello os contaré un cuento de dos colegas, dos perros vagabundos ( uno callejero y el otro acallejeado ), que salieron a dar una vuelta y terminaron en casa de unas chicas a las que se intentaban trincar sabiendo que no había posibilidades. ¿ Os lo he contado ya ? Vaya mierda de narrador soy.
Podemos añadirle color. Hablar de demasiado alcohol y demasiadas historias, notas al pie de pagina que se convierten en novelas. Hablar de curiosidad y de soledad, de frío y de distancia. De como un perfecto desconocido de repente es esa persona que te va a salvar de ti mismo. De drogas, de más alcohol, de cabaret y musica y absurdo. De lo que sea para huir, para soñar, para disfrutar. Para ahogar los sueños en un hedonismo que no cree en nada salvo en el placer, placer pasajero y doloroso. Baby, i love you but don't tell me your name.
Pobre Madrid. Pobre juventud española que vive esperando el próximo mundial, el próximo polvo, la próxima raya. Lo que sea para no reconocer que tiene frio, que quiere mirar a alguien a los ojos y cogerse de la mano. A veces esos pasos que te separan de abrazar a alguien y decirle " te quiero " son los pasos más largos del mundo. Le decía el otro día a una amiga mía que no es buena idea intentar encadenarme. Que yo soy yo y puede contar conmigo, con todo mi ser. Con mi sentido del humor, mi filosofia extraña, mi inteligencia, mi curiosidad, mi lealtad. Perro de mar, perro nomada. Pero que cuando cayera el sol yo me marcharía caminando hacía el ocaso, practicando una de esas poses que a veces se me olvidan. Siento tan yo que soy cualquier cosa menos yo mismo.
Sin embargo esta historia ya la he contado, y la volveré a contar. Somos los mismos perros con distintas correas. ¿ Qué la hace especial ? La sensación de hastío, de aburrimiento. De que ya hemos contado todos los cuentos alguna vez y ya no nos entretienen. Ahora queremos otra cosa. Quiero volver al hostel y discutir con Rali sobre como Alina, ella o yo no podemos ser feos, porque la felicidad te hace bello y la curiosidad y el hambre y la vida. Quiero discutir con Jose en un tren si todo es relativo o no, sobre si hay esperanza. Quiero decirle a una chica a la que no conozco de nada que " no me fio de esos monjes que viven en la montaña. Seguro que no traman nada bueno ". Quiero leer a Douglas Copland otra vez y vivir una de sus novelas, de esas que te dejan lleno de hambre por un abrazo mientras te ríes y por dentro lloras.
Mi colega de aquí tiene la ducha más estrecha que he visto en mi vida. Incluso más estrecha que las de un barco de guerra. Madrid, no dejas de superarte a ti misma. No pasarán.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario