Como un gigante perezoso que se intenta despertar, se mueve y siento su temblor en la noche, un terremoto del espiritu. Desde aquí casi puedo oír la lucha y sentir como viene, como ruge, como quiere más.
El amor es una bestia salvaje. Te desgarra, te hace pedazos, te desmonta. Pide más de ti y a la vez te llena, como agua de la piscina que se te mete por la nariz y la boca y te impide respirar. Sus perros negros, feroces, se sacuden a tu alrededor. Los celos, la inseguridad, el miedo, las dudas. Te miran de reojo y te gruñen, mientras tu te ahogas y sacudes la cabeza a un lado y a otro intentando respirar. Y mientras te desgarra, sientes que la musica suena a lo lejos, en algun lado.
La musica. El conocimiento, la vida, el ocio. Tenemos miedo al vacío, al aburrimiento, pero a la vez el orgasmo se situa como un limite inalcanzable, remoto. Vivimos en un punto intermedio, ajenos al compromiso y temerosos de la soledad, perdidos entre opciones, carteles de neón y sabores a fresa toxica. Y en esta isla del tesoro esconderás tu alma, treinta pasos al norte, quince al oeste, bajo la palmera marcada con una cruz negra.
Y los recuerdos fluyen. Tantas vidas acumuladas, tanto esfuerzo... para nada. O quizás sí. Las intenciones, ¿ cuentan ? Siempre lo hacen, porque sino todo se mediría por hechos y seriamos estadisticas andantes. Aunque quizás solo sirven para unos pocos elegidos, que alcanzarán la gloria del vacio absoluto. ¿ Qué sentido tiene nada ? Me estremezco bajo la lluvia de mi alma, en este ardiente desierto de reggaeton. A lo lejos, la gaviota chilla y el cuervo grazna. Más musica para la oscuridad que me llama.
Y como logotipo final, una imagen. Dos imagenes, una superpuesta a la otra. Un perro que es un cocodrilo y una mariposa que es un gato. Uno con el pellejo más duro de lo que parece, pero también menos agil, y otro con uñas más largas de lo que parecen, pero menos hermoso. El amor es una bestia salvaje, amigos míos. Una bestia salvaje.
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