Esta semana he tenido varias revelaciones. En primer lugar, la falibilidad de mi concepción del universo y la posibilidad de fallar el examen. Uno vive pensando que nunca se va a morir, que la muerte es algo remoto e imposible que le sucede siempre a gente a y pico mil kms, o alejadisima en el tiempo. Hasta que pasa y entonces te quedas con cara de tonto. Por eso, en un ejercicio constante de positivismo, yo me recuerdo a mi mismo de cuando en cuando que todo falla, que el fracaso es una posibilidad y que, oye, tampoco está mal tener un poco de cuidadín. Como aquel dicho militar que leí una vez, mentalizado para la más probable, preparado para la más peligrosa.
Esa es mi primera revelación. Que puedo suspender el examen y a ver que hago con mi vida entonces. Ya estoy preparando planes B por si acaso, no preocuparse.
Mi segunda revelación fue el hacer las paces con mi pene y asumir que la soledad eterna es una posibilidad. Que no es algo tan terrible, aunque reconozco que esta me está costando más. Pero estamos trabajando en ello. En cuanto a la tercera revelación, es que tengo miedo a ser feliz y tengo miedo a la gente. Tengo miedo a romper mi conchita de soledad y seguridad en mi mismo, mis planes de futuro en primera persona del singular. Soy egoista con mi felicidad y no quiero compartirla.
Pero claro, todo eso está muy bien... mientras tenga un enemigo al que batir, en este caso el examen. Pero cuando el examen pase, la puerta se abrirá y no tendré nada para protegerme de toda la vida que estoy esquivando ultimamente. Y cuando eso pase, la ola caerá sobre mi con toda la fuerza acumulada durante este tiempo. Hoy lo comentaba con mi psicologa y me consolaba pensando que, al menos, soy consciente del movidón emocional que me espera. Decía mi sargento que cuando acabe los examenes " veré como me quedan de descargados los huevos ". Es una expresión muy de sargento, pero en mi caso la descarga de huevos supone muchos problemas. En todo caso, ya he empezado a prepararme, buscando libros de Perez-Reverte, el alcalde de zalamea, los haikus del Sr Juan y el Sr Francis y, en general, todo lo que me sirva de salvavidas ante el maremoto que me espera.
Un abrazo, buenas personas. Creo que hoy dormiré como un niño
Sr Ale
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