Alguna vez he dicho que, una vez uno empieza a correr, ya no puede parar. Es lo malo que tiene el miedo, que al ser irracional carece de limites. No tiene a nadie que le diga " no no, eso no lo puedes hacer ". El miedo no tiene sentido comun.
¿ Y como se combate el miedo ? Sin sentido comun. El valor absurdo se justifica a si mismo en luchas sin sentido como estas. ¿ Por qué ? Porque somos fieles a una cierta visión de nosotros mismos y del mundo. A un cierto personaje. Mi ventaja con respecto a otra gente, a la presión de la tribu como escribió Nietzsche y citó Eva hace poco, es que yo defino mi personaje y yo defino mi mundo. Que está dentro y que está fuera. No tengo la habilidad para ello de Alisa, porque mi fuerza de voluntad ha sido erosionada por años y años de " no todo el mundo es como tu ", criminalizando mi individualidad. Mi madre no hizo los deberes en algunas cosas.
Pero eh, ahí estamos. En pie otra vez. Giovanna me ha dado un fantástico consejo: date tiempo. Bene me ha dado otro fantástico consejo: medita. Y la mejor forma de hacer ambas cosas que se me ha ocurrido es ponerme un poco de bossa nova y tumbarme en la cama a preguntarme que soy. Darme un abrazo a mi mismo. Porque el hambre, esa diabolica ansiedad que me roe por dentro y me convierte en un vampiro, no se va a ir. Y si quiero salir a la calle y convivir en sociedad voy a tener que aprender a vivir con ella y a esconderla de los demás. Alimentarme cuando pueda, como pueda y no despreciar tan alegremente algunas cosas. Evitar alimentos descompuestos y comer siempre fresco, como la pitón del colega del Vega, que comía solo animales vivos. Y ante todo, aprender a mirar a los ojos al amor como se debe, sin miedo pero con respeto. Porque esa puta pincha, joder como pincha !
No hay comentarios:
Publicar un comentario