lunes, 20 de junio de 2011

Era de madrugada

Era de madrugada y hacía frío. No podía dormir, el cuarto le pesaba, el aire mismo se le hacía denso. Abrió la puerta de la terraza, corrió las cortinas a un lado y se asomó a la noche.
La oscuridad le dio la bienvenida. A su derecha, el mar se intuía en el aire, se saboreaba con el fondo del paladar en un regusto a sal lejano y a la vez cercano. En todo su entorno, la oscuridad era atravesada por lanzas de luz artíficial, farolas doradas como regalos divinos al hombre.
Deseó poder fumar. Estaba en boxers a varios metros de la calle y el mundo completo era un dominio de tinieblas y luz. A apenas unos metros, el foco de una farola se sacudía con el viento. Deseó poder estirar el brazo y acariciarlo, como se acaricia a un animal domestico. Compañera. En esta noche oscura, solas tu y yo sobre el mundo. ¿ Quién sabe que nos traerá el mañana ? Alegrias o pesares, soledad o compañia, victoria o muerte. ¿ A quién le importa ? Tu y yo solo somos esto, dos puntos, firmes en medio de la tormenta. Quizás nos usen como referencia, para tomar situacion por demora, o quizás pasen a nuestro lado sin siquiera vernos.
Nada de esto tiene sentido.
Una vez más, se pasó la mano por el rostro. Debería afeitarse. Mañana lo hará, como tantas otras cosas que en la profunda oscuridad de una noche sin sueños surgen remotas, difusas, imposibles. Tantas horas de guardia le han dado la certeza de que la mañana surge antes de lo que queremos, y que su traidora luz pronto se cobrará el precio de estas horas insomnes. Pero mientras los musculos doloridos y la incertidumbre le impiden dormir, contempla el silencio y piensa.
Demonios. Esta es una lucha que merece la pena.

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