miércoles, 31 de agosto de 2011

La naturaleza dual de la inocencia

Ayer me acosté pensando en una conversación muy interesante que tuve con Carol. O más bien retazos de una conversación, porque Carol es de esas personas que dice muchas cosas con muy pocas palabras. El tema de la conversación era la inocencia, la casi sagrada obligación de perpetuarla hasta un punto en que pierde su sentido. Me sonó un poco raro y lo he tenido en el fondo de la cabeza estos días, entre otros pensamientos, teorias y paranoias. Tengo pendiente una limpieza etnica de "amigos" y que resolver un montón de cosas antes de volver mañana al curro.

El caso es que ayer llamé a una amiga. Conozco a esta chica desde que era una niña, de lo cual tampoco hace mucho. Hablamos y nos reimos y fue un poco como siempre. Pero no fue como siempre. Ella ya no es una niña. La ultima vez que nos vimos y hablamos me encantó. Me pasa como con mi hermanita alemana, que no es -ita. Aunque quizás tampoco nunca lo fue demasiado.
También he pensado en la adolescente. Y en mi mismo. Y en Carol. Y me he dado cuenta, en ese estilo tan dogmatico mío y tan pesadilla según Gaizka, que la inocencia tiene una doble naturaleza, como la luz. La naturaleza es caracteristica Y actitud. Existe una inocencia innata, fruto de una cierta ingenuidad, falta de experiencia y curiosidad. Es una inocencia sobre la que algunos pintamos una capa de cinismo, para que no se nos note tanto como camuflaje. Pero esa es innata, uno puede intentar disimularla, corregirla, ampliarla... pero va a estar ahí hasta que alguien te dé en la boca y te la quite.

Y luego aparte hay otra inocencia. Una inocencia que es actitud, que surge de un cierto conocimiento del mundo y su rechazo. Uno sabe que hay maldad ahí fuera... pero la expulsa de su mundo, mediante un gran dominio de este. Esa inocencia es una inocencia adulta, como la que descubrimos cuando leemos Nemi o Generación X. Cuentos para adultos que saben que el mundo es cruel, pero no quieren dejar de soñar.

Tengo ganas de volver a ver a mi amiga. Estoy intentando redescubrirla y aprender como relacionarme con esta nueva mujer, surgida de donde antes hubo una niña. Que hace las mismas bromas y se rie igual pero... yo ya no la veo igual. Lo más probable es que en este caso el error sea más del observador que del observado, pero con la madurez uno adquiere nuevas perspectivas, nuevos derechos y nuevas responsabilidades. Redefinir una relación en base a eso puede ser complicado pero... vivir es aprender, aprender es sufrir, sufrir es vivir. Porque sino,
¿ qué gracia tiene esto ? Un abrazo gente. Se os echa de menos.

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