Hace tiempo, muuucho tiempo, en una galaxia muy muy lejana... bueno, tampoco tanto. En la bahia, paseando con una adolescente que entonces aún no era La Adolescente, me preguntaron si las intenciones contaban. Fue una pregunta que me cogió con la guardia baja y contesté, sin pensarmelo demasiado, que las intenciones muchas veces contaban más que los hechos mismos.
Ayer recordé esa conversación. Según veniamos en el coche, reflexionaba sobre algo que habiamos hablado en la playa Carol y yo. Era interesante. Para mi, misogino convencido, la mujer es una criatura cruel, perversa, malvada y egoista. Fría y calculadora. Mientras que para Carol, romantica y feminista, orgullosa de ser mujer cual anuncio de compresas, la mujer es un ser delicado, hermoso, suave, que sufre y siente de formas muchas veces desproporcionadas. Y según venía en el coche pensaba que ambas visiones no son antagonicas, sino que pueden ser incluso compatibles y eso es una de las grandezas de la vida.
Que grande es Carol. Ya he dicho en alguna ocasión que para mi, toda mujer es un poco princesa, un poco puta y un poco madre. Entendido puta no como prostituta, sino como el inglés bitch, e incluyendo dentro de los aspectos de princesa la niña chica que toda mujer lleva dentro. Carol es mucho de esas tres, es muy bruja, es muy soñadora, es muy "cuidadora". Y me encanta hacerle preguntas para saber lo que piensa, porque asomarse a la mente de Carol es encontrarse no con una persona que conoces, sino con una persona que te gustaría conocer. Es fascinante y me siento muy afortunado de, aunque sea a ratitos, poder ser parte de su mundo.
Pero no solo voy a hablar de sita Carol, con su capacidad para recomponer mis pedacitos cuando uso a alguna muchacha para destrozarme. Precisamente Vicen me ha dicho hoy en el coche, segun me llevaba al aeropuerto, que debería haber una Carol en mi vida. Es el tipo de maldición gitana a la que suelo contestar gruñendo, pero en este caso es más bien una bendición. Hubo una Carol en mi vida, y por eso yo le digo a este hombre que tiene la mejor novia de este hemisferio. Pero el pasado es pasado y solo nos sirve como referencia, mientras que nuestra vida debemos de vivirla ahora. He pasado unos días malos pensando que alguien que era importante para mi se había convertido en preterito perfecto simple. Esa persona ha aparecido, solo para hacerme daño - de forma bastante sorprendente para todos nosotros, para mi el primero - en un momento que el cuerpo me pide hacer una limpieza etnica de colegas-sobrantes. Tengo una especie de sindrome de Diogenes social, que me hace acumular gente que no pinta nada en mi vida " por si acaso ", sabiendo de sobra que nunca habrá ese caso. Es como cuando te pones a bajar discos como un animal, sabiendo que nunca vas a dedicarles un rato y ocupando megas y megas.
Tío, quedate con lo que utilices. Sé practico.
Así pues Vicen, que es como un hermano para mi, me ha bendecido hoy. Pero yo soy unreliable, como dice Senicheva, y asusto a las tías. Quizás ese hambre que tengo es de eso mismo, de cariño, quizás el cuerpo me pide intentar una relación. No lo sé. Cuando Carol me dijo " ya iremos nosotros " me sonó a abrazo, igual que cuando Vicen me aguantó groñeando el sabado y me dio el sabio consejo de " mejor así ". Porque es curioso. Vicen decía el otro día de mi que siente que soy un amigo con el que va a poder contar siempre, y yo, que soy un tío que no tiene en cuenta esas cosas, me he dado cuenta de que yo sí que puedo contar con él siempre. Da igual lo pesado, absurdo o subnormal que me ponga, él va a estar ahí. Y señores, no cualquiera hace eso. Ni de coña.
Hace tiempo leí que un caballero, a veces, tiene que dejarse engañar para seguir siendo un caballero. Sin embargo, es importante no dejar que nuestros deseos distorsionen lo que nuestros sentidos nos trasmiten. Las formas son importantes, aunque yo a veces nada más que por llevar la contraria diga que no. También a veces, una mentira es un placebo para el alma, un balsamo que te calma y te da tiempo para reponerte. Pero hasta para mentir hay que hacerlo bien, para todo hay que tener clase y estilo, como me han recordado este fin de semana una pareja de dibujitos animados. Es curioso. ¿ Estoy pidiendo mentirme a mi mismo ? Quizás ser feliz consista en eso. Pero ahora mismo, tras tantas horas de viaje y con el cuerpo pidiendome cama, me apetece mentirme a mi mismo y creer que, pase lo que pase, tendré siempre unos amigos tan maravillosos conmigo. Porque vengo de donde los cuentos son posibles. Había una vez, un mago y una bruja...
P.D: Suena un poco a chorrada, pero me ha encantado volver a ver a Santi y poder charlar de todo, a ver cuando sube por aquí. Y es una lastima que me haya perdido a Vikki, pero ya habrá más oportunidades :-) Seguro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario