sábado, 26 de marzo de 2011

Volviendo a donde todo empezó

Hace tropotocientos años yo tenía un flog. Escribí algunos artículos en él, copias de algunos buenos que publicaba en mi espacio cuando aún tenía espacio. Ese flog terminó cuando entré en Armada, porque sabría que no podría seguir actualizandolo y que un periodo de mi vida acababa y otro empezaba. El penultimo artículo incluía una foto mía, con el lobo de mar de mi abuelo y un gorro de lana, junto a su tumba. Esa foto fue tomada una semana antes de irme para Ferrol, ya con el pelo cortado, por Alvaro que me llevó porque yo no tenía como ir. Fue un detallazo por su parte, uno de tantos, y esas cosas no se olvidan.
Hoy salí de la guardia más perra que he hecho nunca, descansado incluso por demás, y he vuelto al lugar de origen. Antes pasé por mi casa, se suponía que para recoger a mi hermana pero la pobre estaba demasiado ocupada siendo ella misma. Así que me duché, me puse camisa y chaqueta - no tengo corbata, fallo que debo remediar cuanto antes - y volví al coche. Y una vez más ha habido una foto, esta vez conmigo vestido de persona decente.
¿ Sabéis ? Hay cosas que uno ni siquiera sabe que las sabe, hasta que se las encuentra. Entonces te das cuenta de que las sensaciones, los lugares, los espacios, el tiempo... todo. depende de tu perspectiva. Me fijé en donde estaba mi abuelo y pensé que estaba demasiado lejos del mar. Pero luego me di cuenta de que a él el mar no le gustaba tanto, sino que estaba más a lo suyo en el campo, donde tuviera mucho espacio para ver. Le gustaba estar alto y ver a lo lejos, y caminar sobre la hierba con zapatos suaves. Así que el sitio es fantastico. Me llamó la atención el que solo aparezca su nombre en la lapida. Pensé que estarían los tres, pero supongo que no hubo pasta para cambiar la lapida cuando lo de mi hermano. No me gustó. Es un poco injusto eso de que no aparezcan, como si él no hubiera existido nunca del todo y mi abuela no hubiera sido más que la sombra del abuelo. Pero dentro del orden de las cosas me dio igual, comparado con el hecho de que ahí estaba él, con la mejor compañia que nadie pudiera desear. Y de repente recordé muchas sensaciones que creía olvidadas. El sabor del empanado inmenso del filete de mi abuela y él diciendome que dejara de hablar y comiera. Sus amigos cuando me los encontraba por la calle y me decían, con ese acentazo gallego mezclado con español " ¿ a onde vais, rapaz ? ". Los pasos de boxeo que fingía cuando yo volvía de clase y la forma en que se quedaba dormido viendo el telediario, aunque luego siempre lo negaba. Le pregunté por mi hermano y me contestó, pero eso queda entre nosotros. Yo estaba tan a gusto... le confesé que podría estar ahí apra siempre, que no quería irme. Pero tenía que hacerlo, así que me despedí. Le dejé una chapa militar que comprara, quedandome yo con la pareja, para que supiera que sigo sintiendo orgullo de ser quien soy y por si tenían que encontrarme, que supieran como hacerlo. Y con una oración que supo como un beso en la mejilla, me despedí de las dos personas que más quiero y he querido en el mundo, para volver a el purgatorio. A coger el coche que ahora sí tengo porque lo he ganado, a sacarme una nueva foto vestido de persona decente, a intentar enfrentarme al mundo y encontrarle un sentido a todo esto. Con una sonrisa agridulce y, como al volver de Fairytale, la sensación de que esto no es del todo real y que pronto tendré que despertarme.

Portaros mal. Un abrazo enorme
Ale

1 comentario:

  1. Hay que estar orgulloso de nuestros orígenes, de nuestro pasado y a partir de ahí, a verlas venir. Compre esa corbata, buen hombre :P

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