viernes, 11 de marzo de 2011

La sabiduria aparece en formas sorprendentes

Aunque intente negarmelo a mi mismo, soy bastante aficionado al melodrama. Lo reconozco. Y hay días que son un poquito especiales. Días en que llueve y el alma se te encoge de nostalgia y felicidad, en los que tu soledad solo sirve para afilar la cuchilla que te clavas en tu interior. El reflejo del sol bajo las nubes no te permite ser más que eso, un reflejo, una sombra. Y mientras caminas pensando para no pensar, te das cuenta de que puedes huir pero no esconderte. Y que hagas lo que hagas, al final tu vida, tu carácter, tu historia te encontrará.
Es en esos momentos cuando, sin querer, haces el gesto. Dependiendo de tu carácter ese gesto puede ser llamar a una exnovia, provocar una escena, pelearte con alguien, emborracharte. A mi a veces me da por la poesia. Y en ese momento es cuando, de la nada, aparece una mano. Alguien que siempre está ahí y a quién no has prestado atención, o a quién se la has prestado pero circunstancias de la vida os han apartado. Entonces te das cuenta de toda esa gente que tan importante parecía y que, en verdad, no son nada. Como cantaban los Suaves, en su canción Julia. Hoy es un día gallego.
Y también es un día de recuerdos y confesiones. Un día en que le he dicho al Buda cosas que no me digo ni a mi mismo. Es terrible hacer una confesión. Obligas a la persona a quien se la lanzas a reaccionar, y no solo eso sino que además le cargas con el peso de aquello que le hayas tirado a la cara. Además hay confesiones que no tienen respuestas buenas, que son simplemente un tiro al aire que solo sirve para lastimar a cualquiera que pase por ahí.
Ale es un amigo. Sabe cuando escuchar y cuando hablar. Y aunque no coincidimos en algunas cosas, porque no siempre se puede coincidir y más cuando se tienen actitudes y formas de ver el mundo tan distintas, sentimos un respeto mutuo y un gran aprecio. Creo que eso es ser un amigo. Y lo más paradojico de esto es que fue Ale mismo el que, durante mi primera semana en el barco, me dijo " aquí no hay amigos: aquí hay compañeros de trabajo ".
Por eso lo valoro tanto. Por eso cuando, mirando la iglesia de Carraca comentando artísticamente la visión de la segunda campana ( uno sobre dos, representando la santisima trinidad. Que curioso ), me ha salido del alma decirle que lamento que no se la podré enseñar a mi hermano. Pero que a la vez, pienso que todo lo que yo vea lo vé él. Que me espera, allá donde está, y que saberlo me llena de anhelo y tristeza, pero a la vez de alegria. No es una confesión fácil. Tampoco es fácil reaccionar ante eso. Pero Ale lo ha hecho de maravilla y hoy empiezo mi permiso de una semana con el animo esplendido, porque pronto saldrá provisión de destino y, esta sí, ahora me iré del barco. Y dejaré atrás entre otras cosas un amigo. Que es lo mejor que te puede dar la vida.

Un abrazo. Portadse mal, malas personas.

P.D: Al final no he dicho que forma adoptó la sabiduria de Ale. Pero no querréis que os lo dé todo hecho, ¿ verdad pillines ? Buscadla vosotros. Cuando menos lo esperéis, aparece.

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