Hoy me he roto. No lo resisto. Me he roto como un vaso. Da igual cuanto te esfuerces, nunca es suficiente. Da igual cuanto te sacrifiques, no significa nada. Así pues, ¿ qué sentido tiene inmolarse ? ¿ Para qué renunciar a tanto ?
Lo del coche fue un poco la gota que colmó el vaso. Ya está bien de que nada salga bien, de que nada merezca la pena. De sacrificar tanto a cambio de... de nada. Y hoy, antes de salir, me han hecho subir porque tenía los zapatos sucios. Estoy aburrido de tonterías, de demasiada gente pendiente. Me da igual. No pienso quemarme, no quiero saber más de toda esta historia. Que le peguen fuego.
Y justo entonces aparece. Providencial como siempre. Inteligente, divertida, fantastica. Rubia de mentira, peterina pan de cádiz. Cadiforniana, a tope. Porque realmente los amigos de verdad, la gente que supone una diferencia, es esa. Y justo me ha dado lo que más puedo valorar en este momento.
Algo que echar de menos. Un motivo, solo uno, para decir que Cádiz merece la pena. Un recuerdo bonito. Y es una de las cosas que más me hacían falta justo ahora. Todo lo demás... bueno, es parte de la vida. Pero tiene que haber en la vida algo que no sea totalmente real, algo que encaje más en el aspecto de los mitos, las leyendas y la fantasia. Eso que te permite sonreír cuando no sabes porqué lo haces, pero no puedes dejar de hacerlo. Sueños de hombres pulpo y tantas y tantas risas. Un encogimiento de hombros, un analisis del mundo sin sentido, con todo el sentido del mundo.
Gracías. Me lo he pasado de maravilla y te lo debo a ti. Así que portate mal y sigue siendo un arco iris, artista. Muchas gracías, personajillo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario