martes, 8 de noviembre de 2011

Algo de murakami

Estos días, picado por una curiosidad malsana y por interesantes comentarios de diferentes muchachas lectoras, he estado leyendome " tokio blues " de haruki murakami. Me han recomendado otros libros y los iré cotilleando. Ciertamente el compañero es interesante. A mi su forma de escribir, en cierto sentido pop, me recuerda muy remotamente a Lucia Etxeberria. Pero por más que lo intento, " tokio blues " tiene un localismo extremo y es muy, pero que muy japonesa. Y cualquiera que tenga aunque sea un minimo porcentaje de cultura andaluza, brasileña, o de cualquier otro sitio donde la gente disfrute de la vida, la adoración japonesa por el silencio, las poses y el drama le parece absurda. Con todos mis respetos, pero esa gente que se suicida porque no concibe la vida... pues mire, la vida es muy sencilla caballero. La vida es luz, calor, amor, cariño. Buena comida, ejercicio, descanso. La vida es pararte a ver la puesta de sol y no plantearte la infinidad de colores en oleadas misteriosas que la forman, sino que el día ha sido maravilloso y que el que viene también lo será. Y si no... bueno, había que intentarlo, ¿ no ?

Pero a lo que iba. Me ha gustado mucho Tokio Blues, aunque me lo he leido con prisa, deseando acabar y volver a mis cosas, como el que compite consigo mismo. Y aún así me ha hecho daño. Hay una parte al final en que reflexionan sobre un funeral y porqué es triste y malo, y como debería ser un funeral. Recuerdo que en algún sitio leí que en los funerales arabes la gente viste de blanco, para celebrar la vida del difunto en lugar de lamentar su perdida. Y recordé el tanatorio, mi hermano, y yo dando las gracias mecanicamente, siempre la misma frase " no pasa nada, muchas gracías ", sonriendo agradecido mientras por dentro de mi, como esclusas que se abren y liberan agua que ejerce unas presiones insostenibles, unos pisos se iban inundando, otros rompiendose y otros perdiendose. Recuerdo que sin embargo lo hablé con los colegas y lloré, lloré mucho, diciendoles que no quería pena sino alegria. Que quería que todo el que tuvo la suerte de conocer a mi hermano lo celebrara, que disfrutaramos de su recuerdo, que lo honraramos y lo extendieramos. Que Jose, el piltrafilla, mi hermano, era motivo de dicha y celebración.
A veces he tenido miedo de olvidarlo y de perderlo, pero no lo he hecho. Y aún hoy puedo recordar su risa despreocupada, su forma de retorcerse cuando le hacía cosquillas, el calor de su cuerpo contra el mío cuando me pedía acostarme con él antes de levantarlo. Y creo que todo el mundo debería poder pensar así de sus seres queridos. Que ya no están... pero estuvieron. Y como un amigo que conoces y del que te despides, sin saber cuando podréis volver a veros, siempre está contigo como inspiración o apoyo cuando lo necesitas.

Hoy le escribí a Elena la griega. Nos vimos unas horas en Atenas y no sé si alguna vez nos volveremos a ver. La vida es así. Karen y yo nos despedimos hace cinco años y puede que nunca coincidamos. Pero son personas que marcan algo en tu vida. Por supuesto nada que ver con mi hermano pero... en la vida todos pasamos y al final el viento arrastra nuestras huellas y solo queda el recuerdo, las sensaciones, los momentos, las anecdotas. Y eso es hermoso :-) Quizás querer meter la vida en una botella y verla siempre que queramos sea una forma de evitar el miedo al olvido... pero no funciona. Así que por favor gente, vivid. Leed el libro, sacad vuestras propias conclusiones, disfrutadlas. Pero sobre todo, vivid. Un abrazo y a seguir dandole caña

Sr Ale

Conclusiones sobre la muerte y el funeral

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