miércoles, 11 de mayo de 2011

El chaquetón de mar del Prosi

Cuando uno entra en Marina, la primera semana tiene lugar una ceremonia cuando menos curiosa. Divididos en turnos, un montón de desconocidos y tu os montais en un autobus, después de que os hayan tomado vuestras medidas en fila de forma similar a como se debe medir el ganado, y vais a la sección de vestuarios del Arsenal de Ferrol. La sección de vestuarios del Arsenal, como las de todos, tiene un montón de años y un cierto aire a pelicula de los años veinte, con enormes anaqueles llenos de cajas, papeles pegados en corcho de aspecto ignoto y hombres viejos y malhumorados y mujeres de mediana edad risueñas, o viceversa, que te entregan una barbaridad de ropa y te dicen que te la pruebes rapido y una vez la compruebes sigas adelante sin perder mucho tiempo, que tienen tela de faena. En medio del caos de una cincuentena de desconocidos, metido en un vestuario amplio tienes que probarte botas, zapatos, tenis, camisa blanca, camisa azul, jersey puli, jersey de pico, pantalones de faena, pantalones de pinza, traje de bonito, camiseta de ribete... sales con lo que te parece que será ropa para toda la vida, pero luego desgraciadamente compruebas que la mitad no te la pones ( y de hecho pasarán años sin que te la pongas ) y que la otra mitad la ensucias a una velocidad alarmante para tu salud, tu integridad y, sobre todo, tu libertad de cara a salir franco los fines de semana.
Os he dicho que te dan un montón de ropa. Pero hay algo que no te dan. Bueno, hay tres cosas que no te dan. La gorra ya te la dan en la escuela o en el destino. Los galones no te los dan hasta que juras bandera, y cada una de esas cosas son MUY valiosas por si mismas, tanto por lo que representan como por lo que dicen de ti al mundo. Pero hay algo más.
El chaquetón de mar es una prenda " un poco " especial. Como el cortavientos - que antes solo se daba en los barcos -, el chaquetón de mar es de una tela de nylon que no veas como protege. También es gordo, está reforzado, vale una talegada atroz y es MUY bueno. Tiene un chip con tus datos, por si algún día se te ocurriera venderlo o robarlo para que el estado pudiera joderte la vida a conciencia, por enterado. Pero el detalle puntual que hace que esté dedicandole este artículo es que el chaquetón de mar SOLO se lo dan al personal embarcado. Y SOLO lo puede llevar el personal embarcado.
Claro que hay excepciones. Yo he visto gente en tierra con un chaquetón de mar puesto y se vé anacronico, extraño. En mi caso, cuando llegué al primer barco, el Acevedo, se me tramitó en automatico la tarjeta de identificación militar y el chaquetón. Y para mi una cosa viene asociada a la otra, yo soy el chaval cuya foto aparece en esa tarjeta blanca y yo soy el chaval cuyo nombre aparece en ese chaquetón gordo y aparente, que cuando te lo pones pareces Don Pimpón o Yupi.

Hoy he desalojado la cama. Parece que no iré a navegar. Es la primera campaña que me pierdo en tres años que llevo en el barco y la sensación es rara, de irrealidad. Como si te quitan el suelo que está bajo tus pies, aunque es un suelo que vibra y ronronea. Y cuando he sacado el chaquetón, me he dado cuenta de que ese chaquetón no ha salido de un barco desde que lo tuve. El chaquetón de mar de Prosi está ahora tirado en mi cama y me mira acusador, preguntandome que hace tan lejos del agua. Y aunque he tomado la decisión que creo mejor, para estudiar, para formarme, para crecer, hay una pequeña parte de mi, rebelde, que comparte el punto de vista del chaquetón. ¿ Qué hacemos tan lejos del agua, compañero ? ¿ Por qué hay que coger el camino largo para llegar a donde queremos ? Porque si no costara esfuerzo, todo el mundo intentaría tocar el cielo.

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