Soy un tío afortunado. Puedo decir que en mi vida he tenido experiencias plenas y asombrosas, que mucha gente no llega a vivir nunca. He tenido en brazos a alguien que ha sido como un hijo para mi. He viajado a otros continentes. He asistido a conciertos increíbles, he hablado con famosos, he estado en lugares que muy poca gente ha visitado.
También he conocido a gente de todo tipo, pelaje y condición. He conocido a mucho de lo peor y lo mejor que da el ser humano, a veces combinados en la misma persona. He escuchado historias de horror e historias de nobleza, y he enriquecido ambas con mi imaginación y mi experiencia. Soy lo que la vida ha hecho de mi, pero también soy lo que yo, cual gota de agua que erosiona, sin ser martillo y cincel que forma, he hecho de mi mismo. Me siento orgulloso de ser quien soy.
Pero hoy no hablo de mi. Hoy hablo de gente que he conocido. Durante mucho tiempo, he querido llevar sombrero para poder descubrirme ante una mujer guapa. Una mujer elegante, con clase, que supiera estar, en un gesto que la piropeaba a ella y me enriquecía a mi, identificandome como caballero respetuoso y educado. He conocido a unas cuantas mujeres ante las que me quitaría el sombrero encantado, Carol la ultima y más grande de ellas. Mujeres de esas que, como decía Perez-Reverte, te permiten entender en un gesto cuanto de misterioso, terrible, lucido y hermoso esconde el corazón humano. Mujeres de bandera.
También he conocido hombres a los que me he sentido honrado de tratar. Hombres integros y decentes, nobles, orgullosos. En su tiempo me honré con el trato a algunos de ellos, casi siempre figuras de autoridad y siempre mayores que yo. Profesores que enriquecían el espiritu humano, llenandolo de curiosidad e inquietud. Artistas que transmitían tanto. Trabajadores honrados y orgullosos, personas que aportaban su granito de arena para hacer del mundo un lugar mejor. Recuerdo un hombre, viejo pescador, que perdió una mañana en explicarle a un niño de seis años como era un tiburón para que este niño pudiera escribir un trabajo que presentar en el colegio. En un gesto que lo honraba a él como persona y a mi como oyente.
Ya creí que eso se había perdido. Y entonces me puse un uniforme y encontré el ultimo reducto para hombres que se visten por los pies. Encontré a personas para las que una bandera era algo más que un simbolo, para las que el trabajo era algo más que una dignidad personal, para las que los compañeros y hermanos eran una misma cosa. Gente que me permitió sentirme como parte de algo más grande que yo y me hicieron participe de un cierto orgullo. Hombres y mujeres ante los que el gesto de ponerse firme y saludarle era una honra, a ellos como modelos a seguir y a mi como profesional orgulloso de su trabajo.
Pero ya no quedan de esos. O si quedan, cada vez están más arrinconados y son más difíciles de encontrar entre la maraña de inutiles, desgraciados, miserables, cobardes, egoistas. La chusma lo ha invadido todo. Ya el gesto de alzar el sombrero ante una mujer es tan absurdo como anacronico, el trato de usted curioso, respetuoso, una formalidad excesiva y el ponerse firme y saludar una parodia de lo que debiera ser. No existe respeto, orgullo, dignidad ni compañerismo. Solo queda la vil miseria humana, el egoismo, la pereza, los posos de lo que un día fue hermoso, digno y orgulloso. Remar contra la corriente es imposible y querer devolver a la nube su lluvia absurdo, pero si no les importa voy a poner un salto de calidad. Llamenme elitista, llamenme sibarita, llamenme lo que les dé la gana. Pero perdonenme que no me junte con la chusma en que han convertido todo cuanto un día aprecié, respeté y honré. O no me perdonen, y haganme el favor de irse a tomar por culo. Porque la ilusión de un niño es lo más hermoso del mundo, y acabar con esa ilusión uno de los crimenes más repugnantes que puede cometer el ser humano. Y no se lo perdono. A mi no me educaron para esto. Sé que a uds directamente no les educaron, pero eso no es excusa para que hayan ensuciado y cubierto de mierda algo que merecía un destino mejor.
Un abrazo enorme. Y que las pequeñas chispitas de luz que estáis ahí fuera, que os tengo fichados, no se rindan. Porque si no fuera por vosotros, escribas medievales tesoreros de una sabiduria olvidada, esta edad oscura tapará el sol para siempre. Se os admira
No hay comentarios:
Publicar un comentario